EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 229 –  JULIO 2018
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Un año lleno de sombras, en el que no obstante ha habido pequeñas luces que parecen abrir a la esperanza el futuro más inmediato de este espacio protegido


 

© José Ángel Rodríguez

Ciervos pastando, en los meses de verano del pasado año 2017, en los prados resecos de la zona de Prados del Rey. Este año no ha habido prados de verano, en lo que siempre ha sido la despensa verde de este territorio durante la época estival.

 

Una vez que termina el año, nos gusta hacer un balance medioambiental del mismo, para compartirlo con todos vosotros y reflexionar en voz alta, con el poder de comunicación que tiene este importante medio que es Internet, para valorar, con el mayor rigor y objetividad posible, los aspectos que han condicionado el día a día de este espacio protegido que se llama Parque Natural Sierra de Baza.

El año 2018, a nivel global de la península ibérica, ha sido un período que se ha visto muy condicionado por una climatología muy adversa, con unas precipitaciones muy bajas y unas temperaturas muy altas, lo que ha provocado un déficit hídrico que ha alcanzado unos niveles muy preocupantes, con una merma muy importante del volumen acumulado de agua en la generalidad de las cuencas hidrográficas ibéricas. Algo que no se había conocido en los últimos años, ya que las sequías siempre habían estado más o menos localizadas, pero nunca hasta ahora se había vivido una sequía tan globalizada y que haya afectado a tantos y tantos territorios de la península ibérica. España ya es el país más árido de Europa y este año ha sido el más seco de los últimos 20. Pero lo que es más grave y preocupante (puede ampliarse información AQUÍ), la actual sequía lleva camino de convertirse en la peor conocida de nuestra historia más reciente. Con el plus añadido de que a la falta de lluvia se le suma la mala gestión hidrológica y en política de riegos.

Una situación climatológica, a la que no ha sido ajena la Sierra de Baza, en la que su vegetación natural, también la producción de setas que ha sido prácticamente nula y, por supuesto, la fauna silvestre, se han visto muy resentidas y el celo de los animales silvestres, unos auténticos termómetros de la salud de un ecosistema natural, se ha visto muy limitado: las aves apenas han sacado puestas de huevos adelante, los ciervos no han  tenido prácticamente berrea… y todo ello sin olvidarnos de los pastores, que tienen sus ganados en esta sierra, que han pasado por un año muy difícil, ante la ausencia de pastos, especialmente en la zona del macizo central, donde no ha habido pastos de verano y han tenido que recurrir al aporte de materia vegetal externa y piensos, con  lo que supone de costos añadidos en u sector que lleva años pasando por unos difíciles momentos.

Centrándonos, de una manera particularizada en el Parque Natural Sierra de Baza, vamos a ocuparnos de dos grandes bloques en este análisis medioambiental del año 2018:

-Las sombras. Lo peor del año 2017 en el P. N. Sierra de Baza

-Las luces. Lo mejor del año 2017 en el P. N. Sierra de Baza.

 

   

Las sombras del año 2017 en el P. N. Sierra de Baza

        

© Proyecto Sierra de Baza

Bosque de pinos resineros (Pinus pinaster), muerto por las plagas forestales en el P.N. Sierra de Baza a lo largo del año 2017

 

Sin pretender ser exhaustivos, sí vamos a destacar algunos aspectos, que nos merecen una especial consideración, por lo negativo que supuesto en la gestión medioambiental de este espacio protegido, en el año que ha terminado:

 

-Las plagas forestales. Sin duda es el principal y peor problema con el que se cierra el año 2017, en el que las plagas forestales han terminado con la vida de millones de árboles en la Sierra de Baza. Fueron los pinos, particularmente pinos resineros (Pinus pinaster), procedentes de las reforestaciones que se llevaron a cabo en la Sierra de Baza en las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo, los primeros árboles que comenzaron a morir de una forma masiva, en una situación que ha terminado por hacerse epidémica, afectando a todo tipo de coníferas, hasta el punto de que se habla de cientos de miles de árboles, podemos estar ante 3 ó 4 millones de árboles, los que se estiman que han podido morir en la Sierra de Baza en estos últimos 18 meses. Una situación sin precedentes en los montes de Andalucía, dado el número tan elevado, y en tan poco tiempo, de árboles que han muerto, en lo que ya ha pasado a calificarse como la mayor tragedia forestal sufrida por los montes públicos de Andalucía, una mortandad que se apuntó había sido propiciada por la sequía, que había provocado una situación de debilitamiento en los pinos resineros, coadyuvada por la presencia de muérdago y unas agresiva plagas de la procesionaria y de la cochinilla de los pinos resineros (Matsucoccus feytaudi), lo que favoreció  que fueran masivamente colonizados por unos pequeños escarabajos perforadores como Tomicus destruens, Tomicus minor o Orthotomicis erosus, entre otros escolítidos, que son los que han terminado de rematarlos.

-El retraso en las actuaciones forestales contra las plagas de la Sierra de Baza. Si Proyecto Sierra de Baza ya venía dando la voz de alarma del decaimiento forestal que se estaba viviendo en la Sierra de Baza desde mediados del año 2015, no fue hasta finales de septiembre de 2016 cuando se admitió por la Delegada Territorial de la Consejería de Medio Ambiente y O. T. en Granada, Inmaculada Oria, la gravedad de la situación que se estaba viviendo en la Sierra de Baza. Y no ha sido hasta el 1 de marzo de 2017, cuando se ha declarado de URGENCIA la actuación en la Sierra de Baza contra el decaimiento forestal que se estaba viviendo aquí, por Resolución de esta misma fecha de la Dirección General de Gestión de Medio Natural. Aun cuando no se comenzaron  los trabajos a pie de monte hasta la última semana del pasado mes de octubre, lo que ha supuesto retrasar mucho tiempo la toma de medidas efectivas contra esta gravísima situación.

-La timidez, ineficacia y falta de medios con los que se están combatiendo las plagas forestales. También la falta de información  y transparencia con la población local sobre la contratación de personas para los trabajos forestales y las medidas que se piensan afrontar para atajar las plagas. Lo denunciaba públicamente Proyecto Sierra de Baza en la revista digital del pasado mes de diciembre: “Insuficientes e incapaces de detener el avance de las plagas”. Así comentábamos se estaban evidenciando las actuaciones forestales que se iniciaron a comienzos del otoño del pasado año para detener el decaimiento forestal de las masas de coníferas de reforestación de la Sierra de Baza, de todo lo cual puede ampliarse información AQUÍ.

-La pervivencia de una normativa urbanística rigorista y obsoleta. La que está impidiendo la reconstrucción y reforma de las construcciones históricas, dando lugar a que se estén perdiendo, de una forma irreversible, los vestigios culturales del importantísimo patrimonio cultural que los miles de serranos que habitaron estas sierras hasta hace unos años nos dejaron. Sigue sin cumplirse en la Sierra de Baza el mandato imperativo que se contiene para todo ciudadano de Andalucía en el artículo 155 (LOUA) relativo al “deber de conservar y rehabilitar” de todo propietario de una construcción rústica o urbana, lo que no solo no se cumple en la Sierra de Baza, sino que se está impidiendo, sin justificación alguna, por los gestores de este espacio protegido. Puede ampliarse información de esta problemática AQUÍ.

 

Las luces. Lo mejor del año 2017 en el P. N. Sierra de Baza

         

© Proyecto Sierra de Baza

Recuperación del matorral en algunas zonas afectadas por la masiva muerte de pinos

 

Como aspectos positivos, destacamos las actuaciones llevadas a cabo en la mejora y reparación de algunas pistas forestales, como es la pista forestal del arroyo de La Tejera, que tenía algunos tramos prácticamente cortados, por las escorrentías y en los que se han acondicionado pasos de evacuación de las aguas pluviales que permitan la normal circulación por esta importante pista forestal, o la reparación de la pista foresta que lleva desde la Carretera de Caniles a Escúllar hasta el área recreativa de Los Olmos, que se había cortado por las lluvias torrenciales de esta última primavera, impidiendo el acceso a esta área recreativa y que se ha reparado a lo largo del pasado mes de diciembre. Pero particularmente destacamos la constatación que hemos observado en la recuperación de la vegetación natural en algunas zonas afectadas por las plagas forestales y, nuestra luz de esperanza la situamos en la posible recuperación de la vegetación natural de este espacio protegido a un mediano plazo (30/50 años). Para ello  tenemos depositada nuestra confianza en la propia Sierra de Baza, en la propia vitalidad natural que está demostrando, que evidencia, como ecosistema vivo que es, que al margen de erróneas políticas de gestión forestal puede sobreponerse a todas estas adversidades con tan solo dejarla que se regenere de modo natural y al efecto destacamos:  

-La recuperación del matorral en algunas zonas del P.N. Sierra de Baza. La regeneración  constatada en la recuperación de la vegetación de matorral, en zonas en que han muerto todos los árboles, algo de lo que ya se ocupó esta revista digital en el número de junio-2017, y de lo que se puede ampliar información AQUÍ.

- La regeneración natural que están protagonizando algunas especies arbóreas. Como destacamos también en este número de enero-2018, en los últimos meses hemos podido constatar una espectacular regeneración natural de una especie arborea en la Sierra de Baza, en concreto los cedros del Atlas (Cedrus atlantica), una especie que aunque alóctona, al ser propia de las montañas del Atlas de Marruecos y Argelia, donde crece de forma natural, fue plantado importantemente en los años 50/60 del pasado siglo en estos montes por técnicos del Patrimonio Forestal y del ICONA y que ahora se están reproduciendo de un modo natural con un inusitado vigor, pese a las adversidades climatológicas de los últimos años, y lo que más nos ha sorprendido, sin protección frente a herbivoría de tipo alguno. Una especie africana, que nos muestra que aún es posible el futuro de los bosques de coníferas en la Sierra de Baza.