EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 237 –  MARZO 2019
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En el artículo se hace una decidida apuesta por lo natural

 

© Proyecto Sierra de Baza

Los cultivos transgénicos, se están extendiendo de una forma preocupante en muchos países, como España, en detrimento de la agricultura tradicional.

 

Con frecuencia oímos hablar de cultivos o de alimentos transgénicos, de sus bondadosos o nocivos efectos, pero para conocer más de los mismos estos breves apuntes, que pretenden dar a conocer las peculiaridades de los cultivos transgénicos, los que se consideran como tales, sus bondades y también sus efectos en la biodiversidad y en la salud animal y humana.

 

Algunas nociones básicas

 

Los alimentos transgénicos son aquellos que han sido producidos a partir de un organismo modificado mediante ingeniería genética y al que se le han incorporado genes de otro organismo para producir las características deseadas, en consecuencia, alimentos transgénicos, son aquellos que han sido genéticamente modificados, para obtener y producir algunas características deseadas, lo que se realiza mediante la llamada ingeniería genética o tecnología del ADN recombinante, que es la ciencia que manipula secuencias de ADN (que normalmente codifican genes) de forma directa, posibilitando su extracción de un taxón biológico dado y su inclusión en otro, así como la modificación o eliminación de estos genes. En esto se diferencia del mejoramiento genético clásico basado en la selección, que modifica los genes de una población de forma indirecta, mediante cruces dirigidos. ​

La primera estrategia, de la ingeniería genética, se circunscribe en la disciplina denominada biotecnología vegetal.

Aún cuando la mejora en la producción de las especies utilizadas como alimentos ha sido una constante histórica, su implantación en los últimos años y desde el año 1994, ha sido una constante, en vertiginosa expansión.

Fue en esta fecha, año 1994, cuando se aprobó la comercialización del primer alimento modificado genéticamente, los tomates Flavr Savr, creados por Calgene, una empresa biotecnóloga, a los que se les introdujo un gen que dotaba a estos productos de mayor resistencia a los daños por su manipulación, como rasguños o golpes. Pero pocos años después, en 1996, este producto fue retirado del mercado de productos frescos, en gran medida a causa de su insipidez, y también porque, aun sin descomponerse, acababa resultando poco apetecible, con una piel blanda, un sabor extraño y cambios en su composición, lo que motivó el rechazo del consumidor en los mercados, aun cuando actualmente estos tomates se siguen usando para la elaboración de conservas y zumos.

De la vertiginosa expansión en los últimos años de la agricultura transgénica, puede darnos idea el dato de que en el año 2014, los cultivos de transgénicos se extendían en 181,5 millones de hectáreas y en países como en Estados Unidos, el 94 % de plantaciones de soja lo eran de variedades transgénicas, así como el 89 % de las de algodón y el 89 % de las de maíz. En Europa, es España, el país que más emplea los cultivos transgénicos, hasta el punto de que España concentra el 95 % de los cultivos transgénicos de Europa, particularmente el maíz transgénico MON-810 creado por la multinacional Monsanto, hasta el punto de que en el 2016 se cultivaron en España 129.081 hectáreas con variedades vegetales transgénicas. Tras España, los únicos países europeos con transgénicos son Portugal (7.069 hectáreas en 2016), Eslovaquia (138 hectáreas) y la República Checa con 75, (puede ampliarse información AQUÍ). Unas cifras que han seguido creciendo en los últimos años, arrastrados por el consumismo y la búsqueda de la cantidad frente a la calidad de la producción.

 

Argumentos a favor de los transgénico

 

© Proyecto Sierra de Baza

Granos de maíz, uno de los principales cultivos transgénicos.

 

El principal argumento que se utiliza por los defensores de transgénicos, es que se aumenta la producción de los cultivos agrícolas,  los que vuelven más resistentes a las plagas y las sequías, lo que ha permitido aumentar su producción y así atender a la población mundial, en incremento y con mayores necesidades alimenticias a las de anteriores generaciones. Además de que se ha demostrado su supuesta inocuidad para el ser humano, así Gregory Jaffe, director de biotecnología en el Centro para la Ciencia en el Interés Público, asegura que: «Los cultivos transgénicos actuales son seguros para comer y su plantación no entraña riesgos para el entorno», de modo que se han aprobado más de cien cultivos transgénicos vegetales  para consumo tanto humano como animal en un lapso de 15 años, y de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, son tan seguros como los convencionales. Recientemente se están desarrollando los primeros transgénicos animales.

Según la Organización Mundial de la Salud, los diferentes Organismos Genéticamente Modificados incluyen genes diferentes insertados en formas diferentes. Esto significa que cada alimento genéticamente modificado (GM) y su inocuidad debe de ser evaluada individualmente, y que no es posible hacer afirmaciones generales sobre la inocuidad de todos los alimentos GM. Los alimentos GM actualmente disponibles en el mercado internacional han pasado las evaluaciones de riesgo y no es probable que presenten riesgos para la salud humana. Además, no se han demostrado efectos sobre la salud humana como resultado del consumo de dichos alimentos por la población general en los países donde fueron aprobados. El uso continuo de evaluaciones de riesgo según los principios del Codex y, donde corresponda, incluyendo el monitoreo post-comercialización, debe formar la base para evaluar la inocuidad de los alimentos GM.

 

Desventajas de los transgénicos

 

© José Ángel Rodríguez

Campo de cultivo ecológico de cereales en el Parque Natural Sierra de Baza.

 

También existe un gran movimiento detractor tras esta llamada fiebre de lo transgénico, que destaca como existen una serie de desventajas, para el ser humano y el medio ambiente, con el uso de las plantas modificadas genéticamente; y a título meramente enunciativo se citan:

  •  Se pierde biodiversidad.
  •  Aumentan los niveles de sustancias tóxicas en el ambiente.
  •   Pueden surgir diferentes intoxicaciones, debido a la intolerancia y las alergias a los distintos alimentos procesados.
  •  Se produce un incremento en la contaminación de los suelos.
  •  Se pueden llegar a provocar daños irreversibles en imprevisibles a animales y plantas que han sido tratados.
  •   Peligro de contaminación genética. Existe un grave de peligro de contaminación de los cultivos orgánicos por parte de los transgénicos, probablemente por la transferencia de un campo a otro. Esto puede resultar en algo desastroso, al igual que una especie autóctona puede verse destruida por la presencia de una especie exótica, las especies de cultivo nativas pueden verse desplazadas y desaparecer por las transgénicas.
  •  Se ven disminuidas las defensas naturales de las especies. Unificar los cultivos, significaría que si aparece un enemigo en forma de enfermedad, todos los campos serían susceptibles de verse afectados y no existiría ninguna diferencia entre ellos que los pudiese defender ante la plaga. Así se ha dicho que si todo el mundo se dedica a cultivar la misma variedad de maíz transgénica, podríamos volvernos mucho más vulnerables, pues se acabaría con las demás especies de maíz, que están preparadas para las diferentes condiciones según la zona, para soportar adversidades climatológicas o plagas.
  • El costo que los cultivos transgénicos presentar para el agricultor. Un argumento frecuentemente esgrimido en contra de los alimentos transgénicos es el relacionado con la gestión de los derechos de propiedad intelectual y/o patentes, que obligan al pago de derechos por parte del agricultor al mejorador. Asimismo, y con este mismo fin de obligar a pagar unos derechos, se alude al uso de estrategias moleculares que impiden la reutilización del tomate, es decir, el empleo como semilla de parte de la cosecha para cultivar en años sucesivos. 

 

Una apuesta por lo natural

 

Las exigencias legales impuestas por la Unión Europea y las normativas y vigor en algunos de estos países, así como las campañas de oposición lideradas por grupos ecologistas y el escaso apoyo social a este tipo de cultivos, explican el número reducido de variedades transgénicas autorizadas en Europa y el relativamente reducido peso de los cultivos del maíz transgénico (en relación con el conjunto de cultivos de variedades no transgénicas) en la mayoría de sus países.

Apostando por la agricultura tradicional, la llamada agricultura orgánica, un sistema de producción que utiliza fertilizantes e insecticidas, no contaminantes, excluyendo a los de origen sintético, también productos no alterados genéticamente, y por el cultivo ecológico, estaremos disminuyendo nuestros niveles de contaminación, a la vez que comiendo mucho más sanamente.

Los cultivos transgénicos, las especies invasoras, la contaminación ambiental o el calentamiento global son las principales amenazas que ponen en peligro la agricultura tradicional y la biodiversidad asociada a la misma.