EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 243 –  SEPTIEMBRE 2019
SI DESEA SUSCRIBIRSE HAGA CLICK AQUÍ

ASOCIACIÓN

Ediciones anteriores




 

 © José Ángel Rodríguez

La falsa acacia ha sido profusamente plantada en las proximidades de antiguas casas forestales y caminos en la Sierra de Baza. En la imagen falsa acacia plantada junto al Cortijo de Santaolalla (Cruz de la Chaparra).

 

También conocido con los nombres de robinia, acacia blanca y acacia bastarda, la Robinia pseudoacacia es una especie de árbol del género robinia perteneciente a la familia Fabaceae, es nativa del este y centro de Estados Unidos y se ha introducido ampliamente por un importante número de paisajes, al tratarse de una especie de gran rusticidad y vistosa floración, que soporta además muy bien tanto la sequía estival como las bajas temperaturas invernales. De hecho su nombre científico Robinia está dedicado al jardinero francés Jean Robin (1550-1629), que fue el primero en cultivar este árbol en Europa, en jardines de Paris en el año 1601 en que se estima fue introducida por primera vez en Europa.

En el Parque Natural Sierra de Baza (Granada), la falsa acacia se encuentra muy bien representada y podemos encontrarla desde la zona baja, en las proximidades del Cortijo de Santaolalla (Cruz de la Chaparra), a donde corresponden estas imágenes, a zonas más altas como las proximidades de la pista forestal que asciende a los Prados del Rey, a  la altura de la Canaleja Alta o junto a la iglesia de San Antonio en Los Mellizos a 1.800 metros de altitud.

La falsa acacia es un árbol que puede vivir en torno a 100 años, de rápido crecimiento en los primeros años, que se ralentiza en los ejemplares maduros, pudiendo alcanzar los 25 metros de altura. El tronco tiene la  corteza de color verdoso, para pasar a marrón en los primeros años y tornarse gris y aspecto agrietado en los ejemplares ya maduros, mientras que las hojas son caducas, alternas y compuestas, de margen entero, ovaladas o redondeadas, a menudo con el ápice escotado, presentándose siempre en número impar (imparipinnadas), contando en la base de la hoja (raquis foliar) con dos espinas que se disponen a ambos lados del rabillo.

La floración de la acacia es blanca, siendo muy profusa y atractiva, apareciendo sus flores en racimos numerosos a final de la primavera y comienzos del verano, dando lugar a un fruto en legumbre, que encierra en su interior de 4 a 9 semillas, de aspecto aplanado y color negruzco, dispuestas transversalmente en una sola fila. Dicha legumbre madura al final del otoño y se queda en el árbol, tras la caída otoñal de las hojas, hasta la primavera siguiente.

 

Usos etnobotánicos

 

 © José Ángel Rodríguez

Detalle de las flores y hojas de la falsa acacia.

 

La madera de la falsa acacia es muy dura, de grano apretado y resistente a la humedad y en contacto c on el suelo, por lo que se ha usado para la construcción de postes, muebles rústicos, carretillas, herramientas agrícolas y también como vigas en la estructura de construcciones. Según cuenta López González, en su libro “Guía de los Árboles y Arbustos de la Península Ibérica y Baleares”, con cita de Quer, con esta madera se hicieron la mayoría de los edificios de Boston (S. XVIII), en cuyo entorno era muy abundante.

Las flores, conocidas popularmente con el nombre de “pan y quesillo”, son comestibles, y en maceración se han utilizado para preparar agua destilada con propiedades antihistéricas.

Las flores son melíferas y las abejas producen con ellas una miel muy popular conocida como “miel de acacia”. 

Hay que tener cuidado con las hojas y semillas que produce, ya que son tóxicas, incluso para el ganado, provocándole diarreas y pérdida de apetito. Como curiosidad comentar que López González, refiere que de sus semillas se puede obtener un aceite que pierde la toxicidad cuando se hierve, el que era muy apreciado por los aborígenes de Norteamérica.

El aprovechamiento ornamental, como árbol, es el uso más extendido de esta especie, aunque hay que tener un especial cuidado con el lugar elegido para su plantación, ya que puede comportarse como especie invasora, debido a la facilidad que tiene para propagarse y desarrollar nuevos brotes a partir de sus raíces.