EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 216 –  JUNIO  2017
SI DESEA SUSCRIBIRSE HAGA CLICK AQUÍ

 

In memoriam de los pinos resineros de la Sierra de Baza

Por José Ángel Rodríguez

© José Ángel Rodríguez

Bosque maduro de pinos resineros, en buen estado de conservación, en las inmediaciones de Narváez (Sierra de Baza. Granada).


En las últimas fechas han alcanzando una gran popularidad los llamados pinos resineros (Pinus pinaster) a consecuencia de estar muriendo miles de pinos de esta especie en el Parque Natural Sierra de Baza (Granada), afectados masivamente por las plagas de insectos perforadores, previamente debilitados por la sequía y las plagas de la procesionaria y de la llamada cochinilla de los pinos resineros (Matsucoccus feytaudi), una especie aún poco estudiada y conocida, pero que es capaz de tener una grave incidencia patógena en la salud de los pinos resineros, la única especie de coníferas a la que afecta.

Pese a la abundancia de pinos resineros en la Sierra de Baza, en la que en las décadas de los años 60 a 70 del pasado siglo se plantaron 11.821 has de esta especie, que se localizaban entre los 800 y 1.750 metros de altitud, por encima del pino carrasco y por debajo del silvestre y laricio, según consta en la documentación forestal de la época, el pino resinero es una especie poco conocida aquí, por lo que con los deseos de profundizar en su biología y ecología, se publican estos breves apuntes sobre esta especie.

 

Una conífera que puede alcanzar los 35 metros de altura

 

© José Ángel Rodríguez

Piña en maduración, aún cerrada, del pino resinero.

 

Conocido también con los nombres populares de pino rodeno, pino marítimo y de pino borde, este último quizá exclusivo de la Sierra de Baza, donde hay un barranco con este nombre (Barranco de los Pinos Bordes) en las proximidades del cortijo de Santaolalla o Cruz de la Chaparra, el pino resinero es un árbol perennifolio, que puede alcanzar los 30 metros de altura, aunque normalmente no supera los 15 ó 20 metros. El tronco es recto, con corteza gruesa y áspera, profundamente resquebrajada, oscura o negruzca, que con la edad se agrieta formando teselas negruzcas y rugosas que se vuelven pardo rojizas. Las ramas son arqueadas-erguidas o casi horizontales, dispuestas en verticilos más o menos regulares, mientras que la copa es piramidal en las plantas jóvenes y redondeada provista de lóbulos agudos en los adultos, ocupando solamente el tercio superior del árbol, como ilustra la imagen que encabeza esta ficha; en individuos viejos es acampanada, deprimida y vacía en la parte interna del árbol.

El pino resinero es una especie monoica, de forma que en un mismo pie podemos encontrar flores masculinas y femeninas. Las flores aparecen de marzo a mayo y cuenta con conos masculinos, los que son de color amarillo y conos femeninos, los que son de color rojizo o morado y ligeramente más grandes  que los masculinos. Las pinas, son grandes y alargadas, de 8 a 22 centímetros de longitud y aparecen a final del verano, pero no maduran y diseminan los piñones hasta el tercer año, en primavera o verano, en que dispersan sus piñones mediante unas láminas largas y aladas, de unas 4 veces del tamaño de los piñones, para facilitar sean propagadas por el viento, cada una de las cuales contienen dos piñones de de 6 a 8 mm., negros por una cara y pardos por la otra.

El sistema radicular del pino resinero está bastante desarrollado y tanto la raíz principal como las secundarias son bastante penetrantes, este puede ser uno de los problemas que se ha encontrado en la Sierra de Baza con el paso de los años, tras las plantaciones llevadas a cabo en la década de los años 60/70 del pasado siglo, ya que fueron plantados en las cuencas de los arroyos Balax y Uclías en suelos poco profundos, lo que ha limitado el desarrollo de sus raíces, también de su porte y vigor.

 

El hábitat natural del pino resinero

 

© José Ángel Rodríguez

Pinos resineros secos y en situación de decaimiento forestal en el Monte de Los Frailes (Sierra de Baza).

 

Intensas repoblaciones con esta especie a lo largo del pasado siglo, han desdibujado el área natural de esta especie, la que se estima es propia de la mitad occidental de la región mediterránea y su contorno. También está presente en la zona atlántica de la Península Ibérica y Francia, habiéndose indicado (G. López González, 2004) “que aunque se encuentra en casi toda la Península no es natural ni en Galicia, ni en la mayor parte del norte”. En la Sierra de Baza es una especie natural en algunas zonas de su territorio, como lo pone de manifiesto la toponimia local (Barranco de los Pinos Bordes), también la presencia aislada de pies maduros de muchos años, aunque el mayor porcentaje de pies de esta especie corresponde a repoblaciones forestales llevadas a cabo en las décadas de los años 60-70 del pasado siglo.

En cuanto a su territorio tipo, es una especie termófila, que se cría desde el nivel del mar hasta los 1.750 metros de altitud (Sierra de Baza), preferentemente en suelos silíceos. Es una planta amante de la luz, que soporta la sequía, aunque menos que otros pinos como el carrasco, y también soporta las heladas, igualmente en menor medida que otras especies como los pinos laricio y el silvestre, por lo que asciende menos en altitud.

 

Aprovechamientos etnobotánicos del pino resinero

 

© José Ángel Rodríguez

Detalle de la parte interna de la corteza de un pino resinero infectado por las plagas de insectos perforadores (Tomicus destruens) en el Monte de Los Frailes, en la Sierra de Baza.

 

El pino resinero, un árbol que puede llegar a vivir hasta 200 ó 300 años, viene teniendo un gran aprovechamiento por el hombre, tanto en su madera como en otras partes del árbol. La madera es de grano grueso, ligera y resinosa, con anillos de crecimiento bien marcados, aunque menos resistente que la de otras especies, por lo que es reservada para tablones, traviesas de ferrocarril, caja para embalar, etc.

Las piñas del pino resinero han sido tradicionalmente muy buscadas y apreciadas para encender fuego, hasta el punto de ser conocidas como “piñas de encender”, ya que se consumen sin apagarse, por lo que son muy útiles para encender fuego. La corteza, al igual que la de otras coníferas, es astringente, por lo que se ha utilizado sumergiéndolas en agua para que le dieran un color rojizo al agua, la que se utilizaba para curtir pieles de animales. Aunque el principal uso y aprovechamiento que se viene dando a este pino es para obtener resina, de donde toma su nombre popular, que se obtenía mediante su sangrado, efectuando unos cortes en su corteza hasta las primeras capas de la madera, que cada 4 ó 5 días se iban alargando hacía arriba por las personas encargadas de estas tareas, los llamados resineros. La resina caía a un recipiente que se colocaba en el árbol en la base de la hendidura. Operaciones que se prolongaban desde la primavera hasta la entrada del otoño, a lo largo de unos 15 ó 20 años por árbol. De esta resina, por destilación con el agua, se obtiene la llamada esencia de trementina o aguarrás, quedando como residuo la resina denominada colofonia o pez griega, de gran interés en la industria química, de perfumería y de pinturas.

Como refiere Pío Font Quer en su obra “Plantas Medicinales. El Dioscórides renovado”, la trementina y la colofonia, también se ha venido utilizando desde la antigüedad con fines medicinales y curativos, para emplastes, ungüentos y linimentos como el conocido con el nombre de “ungüento regio o basilicon” utilizado en forma de friega para el reuma y dolores de los huesos, refiere este autor que se obtiene fundiendo calofonia, trementina, cera amarilla y sebo “una onza de cada cosa, con tres onzas de aceite de oliva”.

Otro uso etnobotánico muy curioso del pino resinero que nos cuenta Pío Font Quer es para obtener la llamada pez o peguera, una pez untuosa y negruzca (de aquí viene el dicho popular de “más negro que la pez”) que se empleaba para tratar la roña del ganado. Y, con cita de Dioscórides y de su magna obra “La Materia Médica” relata algunas curiosas utilidades, indicando que “las resinas quemadas son útiles para la composición de los olorosos emplastos y de las medicinas que mitigan cansancio, y para teñir los ungüentos. De la resina, ni más ni menos que del encienso, se coge hollín, útil para adornar las pestañas y cejas; el cual sirve también a la corrosión de los lagrimales y a las pesadas palpebras y ojos que siempre lloran. Hácese también dél tinta para escribir”.

Una pena que los pinos resineros, unos árboles con tantas utilidades y aprovechamientos, estén pasando por tan malos momentos ahora en la Sierra de Baza (Granada) donde a la fecha que se redacta este artículo, enero-2017, han muerto miles de ellos y otros están infectados por las plagas, hasta el punto de que va a ser necesario talas varios MILLONES de estos árboles en los próximos meses. Sin duda alguna es la mayor tragedia forestal que han sufrido los montes de España en el último siglo. Por lo que con estas líneas hemos querido escribir un pequeño homenajes a estos nobles pinos resineros.