EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 215 –  MAYO  2017
SI DESEA SUSCRIBIRSE HAGA CLICK AQUÍ

 

 © José Ángel Rodríguez

Planta arbustiva del romero macho (Cistus clusii) en floración.

 

También conocido con el nombre de jarilla y de jaguarzo, el nombre popular de “romero macho” se debe al parecido que presenta esta planta arbustiva con el romero (Rosmarinus officinalis) cuando no tiene flores.  Sus hojas son lineares y revolutas, opuestas y, morfológicamente, similares a las del romero, pero con un olor resinoso, poco agradable.

En cambio, las flores y los frutos son completamente dispares a los del romero. Las flores, muy aparentes y de simetría radiada, nacen soportadas por pedúnculos largos, agrupadas en el extremo de los tallos. Constan de 3 sépalos, 5 pétalos blancos de aproximadamente 1 cm cada uno y numerosos estambres amarillos. El fruto es una cápsula que se mantiene seca y entreabierta, dispersando las pequeñas y numerosas semillas a lo largo de varios meses.

El romero macho es una planta termófila, que no soporta las heladas intensas, por lo que podemos encontrarlo desde el nivel del mar hasta los 1.200 metros de altitud, preferentemente en terrenos arenosos y calizos bien soleados. Tiene unas bajas necesidades de agua, pudiendo vivir con precipitaciones inferiores a los 300 mm al año y forma parte de la maquia del monte mediterráneo.

Usos etnobotánicos

Por la rusticidad y belleza de esta planta se ha aprovechado para jardinería con bajas necesidades de agua, también para la ornamentación de caminos y lindes de fincas. En la farmacopea clásica hemos encontrado alusiones a su uso  externo, en lociones con sus esencias, como antiinflamatorio, antirreumático, antiséptico y vulnerario. También como desinfectante para el lavado de llagas, heridas y hemorroides. Otro uso clásico de esta modesta planta ha sido como estimulante del cuero cabelludo, para lo que se ungía la cabeza con una loción preparada con su esencia, para lo que cocía en agua (también en vino) unas ramas florida de la planta, líquido que se utilizaba tras haberse lavado la cabeza, dándole al cabello un olor resinoso intenso, por lo que también se usaba para combatir insectos indeseables como piojos o pulgas.