EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 214 –  ABRIL 2017
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Por Roberto Travesí

ABRIL: Macho marino

 

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 © Roberto Travesí

 

175 mm, 1/500 sg, f/4.5, ISO 200 (focal efectiva: 280 mm, imagen sin recorte)

Modo de disparo: Manual

Formato: RAW+JPG

 

Canon EOS 7D Mark II, Canon EF 70-200 mm f/2.8L IS II USM, a pulso (con estabilizador)

 

Retomamos este mes a nuestras exclusivas cabras marinas (qué más quisieran abruptas sierras como la de la Tramontana, en Mallorca, poseer este privilegiado ungulado, a pesar de que allí ciertamente se cace una cabra asilvestrada); aunque tal y como se ha indicado en meses anteriores, Granada junto a Málaga han perdido dicho protagonismo a favor también de la vecina Almería, en cuya costa es posible observar monteses.

La imagen muestra un solitario macho fotografiado junto al acantilado, tiempo que no se corresponde con la actual estacionalidad, en donde el gregarismo de la especie permite ya la visualización de pequeñas piaras. Una vez localizado con los prismáticos, la entrada requería premura, ya que a esas horas de la tarde las monteses no se encuentran tumbadas (o de pie) rumiando, sino en plena ingesta de alimento u observando curiosas encaramadas a cualquier roca o resalto con vistas, durante un tiempo impredecible. La idea no era una clásica aproximación, sino buscar -como tantas otras veces- el mar de fondo, independientemente de la proximidad al individuo. Si es muy importante en todo animal encaramado a cualquier tipo de resalto (roca, árbol u otros, como tejados, que los hay) que las pezuñas aparezcan limpiamente recortadas, es decir, un animal (o persona) seccionado por las patas (tobillos) desmerece por completo la captura, por muy bella que sea o muy grande resulte su cornamenta (si la tuviere); otro asunto bien distinto es un corte por mitad del cuerpo (como por la cintura con las personas).

Utilicé la cámara de sensor de recorte a pesar de tener menor calidad que el full frame. La razón es clara desde el inicio de su compra: el zoom no es de rango focal elevado (por ejemplo 100-400 mm), además de existir suficiente luz reinante (máxime a contraluz); y el avance del ocaso se compensa con la importante luminosidad de su apertura. La exposición fue fácilmente acertable (mediante medición parcial o puntual, en mi caso la primera): leyendo las altas luces (reflejos en el mar) y abriendo un paso y medio al valor arrojado por el fotómetro (solo hay que tener en cuenta que el rápido movimiento de las olas modifica constantemente dicha lectura al no presentarse una superficie homogénea y constante, algo fácilmente solucionable midiendo un poco más hacia alta mar). De cualquier manera, el trípode o la elevación del ISO (en caso de no haber tiempo para colocar aquel) resolverían la situación. Lo difícil es que el macho se encuentre en el lugar exacto y en el momento oportuno.

 

  © Roberto Travesí   2017

                                                                                          www.robertotravesi.es

 Fotonatura: Roberto Travesí

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