EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 222 –  DICIEMBRE  2017
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© José Ángel Rodríguez

Albaida en floración en mayo-2017, en su hábitat natural de la Sierra de Baza

 

La albaida (Anthyllis cytisoides) es una planta arbustiva de bajo porte (semiarbusto) de la familia de las fabáceas, que puede medir hasta 90 cm de alto, con numerosas ramas de un tono apagado y grisáceo cuando carecen de flores.

Las flores, muy abundantes y vistosas, aparecen agrupadas a lo largo de las ramas y son de color amarillo pálido muy atractivo, de hecho su nombre popular, que deriva del árabe “al-baida” significa “la amarilla” en alusión al profuso color amarillento de sus flores, las que normalmente aparecen de abril a mayo, aún cuando puede tener una segunda floración ocasional, después de periodos favorables, pero si esto sucede, lo hace de manera poco intensa y no se tiene la certeza de que en esa floración la especie llega a producir semillas viables. Las hojas son trifoliadas, y el fruto es una legumbre, ovalada y puntiaguda con una sola semilla.
 

Una planta termófila, propia de la región mediterránea
 

Habita en la Región Mediterránea occidental y en el norte de África y en Sudáfrica. En la Península Ibérica, podemos encontrar a esta planta desde Cataluña hasta Andalucía, aunque alcanza su óptimo en el sureste ibérico. También está presente en las Islas Baleares, donde es una planta abundante.

Se cría en matorrales y comunidades de arbustos sobre suelos muy secos y bajo condiciones extremas de sequía. La albaida tiene la peculiaridad de que pueda perder sus hojas en los periodos de sequía intensa, para rebrotar en cuanto las condiciones de humedad edáfica lo permiten, manteniendo su vigor la planta. Es una planta termófila, que no aguanta las heladas, por lo que esta planta la encontramos siempre cerca de las costas o en comarcas de interior muy termófilas, normalmente compartiendo territorio con especies como el palmito o la bolina.
 

Usos etnobotánicos

 

 © José Ángel Rodríguez

Albaidar, es el nombre con el que es conocida esta comunidad vegetal, la que tiene un amplio uso y aprovechamiento forrajero para la ganadería, también interés melífero.

 

La albaida es una planta conocida y aprovechada por el hombre desde la antigüedad, tanto por su interés como planta melífera, como por planta forrajera, al ser consumida y apreciada por el ganado doméstico, también por la fauna silvestre de ungulados.

La albaida es una planta que atrae a las abejas (también a algunos abejorros) por lo que es estimada por su interés melífero, particularmente en el sureste árido, sobre todo en Almería, donde se obtienen, a partir de ella, mieles monoflorales, de consistencia ligera, considerada de primera calidad, tan solo superada por la miel  del azahar y del romero.

Como esta planta es capaz de colonizar en terrenos áridos y matorrales secos y pedregosos de la región mediterránea, y tiene un alto interés forrajero, ha llegado a ser objeto de cultivo  en viveros para su posterior siembra directa, para lo que se comercializa en envases que contienen sus semillas.

Por la belleza y rusticidad de esta planta, también se utiliza en jardines naturales de la región mediterránea, también para contener taludes y ribazos de cunetas de carreteras y caminos; también para colonizar zonas degradadas, ya que tiene un alto valor protector, especialmente sobre filitas muy erosionables.

En medicina popular se usa como estomacal, antiasmático y anticatarral. Con albaida, romero, un “poquillo de tomillo”, algarrobas y eucalipto se hace un jarabe para la tos, después de cocerlo todo y saturarlo con azúcar.

La flor de albaida “después de mojada” se le quita la flor, ésta flor se cuece y se bebe el agua en infusión, que “combate el resfriado”.

La raíz de albaida cocida y utilizada en enjuagues, también se ha utilizado para tratar el dolor de muelas.