EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 229 –  JULIO 2018
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 © José Ángel Rodríguez

Planta del cardo sentado (Onopordum acaulon var. uniflorum), con las inflorescencias en desarrollo y sin abrir.

 

Con el nombre de cardo sentado y toba sentada, se conoce a una planta de la familia de los cardos (familia Asteraceae), de porte bajo, carente de tallo y pegada al suelo, de donde toma su nombre popular de “sentado”, que podemos localizar en la media y alta montaña desde los 700 hasta los 3.000 metros de altitud en Sierra Nevada (Granada), donde alcanza su máximo altitudinal para la especie.

El cardo sentado es una planta de distribución netamente íbero-magrebí de la cuenca mediterránea oriental, aunque también alcanza el sur de Francia. Vive en lugares de suelos pedregosos o rocosos, secos y en exposiciones soleadas. Aunque es considerada una planta con indiferencia edáfica, prefiere los suelos calizos y dolomíticos, con ombroclima seco a subhúmedo.

Se cría en campos de cultivo de montaña abandonados, también en las praderas y pastos de montaña, así como en los taludes, entre el matorral bajo de la alta montaña, también, ocasionalmente aparece en las crestas y entre los roquedos, así como en los bordes y márgenes de pistas forestales y senderos.

Por el color blanco de sus inflorescencias, que aparecen avanzada la primavera, también es conocida como cardo blanco sentado.

En la Sierra de Baza, se localiza la variedad uniflorum, caracterizada por presentar las hojas dispuestas en rosetas de 8-39 cm de diámetro, y de 3,5-16 x 1,5-7,7 cm dentadas o raramente pinnatipartidas, con espinas delicadas de 1,5-5 mm.  

Usos etnobotánicos

 

El principal uso de esta planta ha sido pascícola (consumo del ganado que pasta en terrenos abiertos), al formar parte el cardo sentado de la vegetación natural de los prados de media y alta montaña.

También hemos encontrado referencias al uso de las flores del cardo sentado, al igual que otros cardos del género, pero aprovechando que este es el cardo más abundante en la media y alta montaña, para preparar cuajada con la que elaborar quesos por los pastores. Un pastor de la Sierra de Baza, Serafín Cano, nos contaba que se dejaba que la flor de cardo se secara perfectamente, tras lo que se abría la flor con los dedos y se desmenuzaba muy bien guardándola en una bolsa de tela o tarro hermético. Para preparar el cuajo, se cogía un puñado de flores secas y se ponían en remojo en un vaso de agua templada la víspera. Al día siguiente se colaba el agua y se apartaban las flores, las que luego se machacaban en un  mortero con un poco de agua clara y cuando empezaba a tomar color se volvía a colar, tras lo que se volvía a repetir esta operación hasta que el agua estuviera muy clara. Con el líquido resultante ya se podía cuajar la leche, calculando una cucharada sopera de cuajo vegetal de cardo por cada 2 litros de leche y el tiempo de coagulación de unos 30 a 50 minutos con la leche a media temperatura, sin hervir, a unos 35º C.

Actualmente el principal uso de este cardo, al igual que otras plantas de este mismo género, es como  cultivos energéticos de segunda generación, para la producción de biomasa, en tierras de cultivo marginales y con baja pluviometría.