EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXI
Nº 244 –  OCTUBRE 2019
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Dos conceptos que suelen confundirse

 

Por José Ángel Rodríguez

 

© José Ángel Rodríguez

Piquituerto con leucismo.

 

El piquituerto es una curiosa y bonita ave, cuyo nombre científico es Loxia curvirostra y deriva de las palabras griega “loxos” (encorvado hacia un lado) y latinas “curvum”  (encorvado) y “rostrum” (pico), lo que podemos traducir como “pico encorvado” y describe perfectamente el rasgo anatómico característico del piquituerto.

Pero si este rasgo del piquituerto es lo más popular  de éste ave, menos conocida es otra peculiaridad de la misma, que algunos naturalistas como William Marshall describen de una forma muy ilustrativa y que a mí me ha atraído también en la fotografía de esta singular ave, a la que le tengo dedicada muchas sesiones fotográficas: los cambios de colores que tienen lugar en los machos. De modo que si es patente la diferencia entre los machos y las hembras por el aspecto externo del color de su plumaje (dicromismo sexual), más curiosa es la peculiaridad de los machos de piquituerto de cambiar en la coloración de su plumaje a lo largo de su vida. En líneas generales, y salvo algunas excepciones, en el primer año de vida, tanto los machos como las hembras, son de un color gris-verdoso, con  motas claras y oscuras; después tras la primera muda, que tiene lugar una vez entrada el otoño, aparece un colorido más vivo, y el plumaje resulta ya amarillo verdoso, con tendencia a amarillear cada vez más.

 

Los colores del piquituerto

 

© José Ángel Rodríguez

Macho adulto de piquituerto en el que se aprecia el característico color rojizo de su plumaje.

 

A partir de la primera muda los machos comienzan a presentar algunas plumas aisladas, especialmente en el pecho y en la rabadilla, con una orla anaranjada o roja, mientras que las restantes partes de su plumaje siguen siendo grises y oscuras, más en la raíz y en los cañones. Después de la segunda muda el macho es rojo. Excepto las plumas de su cola, alas y ano, pero el rojo se irá extendiendo cada vez más, enrojeciéndose por completo, hasta adquirir en los machos adultos un llamativo y vistoso color carmín muy vivo y atractivo.

Cuando el pasado mes de septiembre me encontraba efectuando una sesión fotográfica en el Parque Natural Sierra de Baza desde un hide, pude divisar la presencia de un piquituerto que se apartaba de este característica coloración de sus congéneres y tenía el plumaje con tonos dominantes blancos, efectuándole algunas tomas mientras bebía agua, una de ellas la que se reproduce en esta pequeña reseña.

Mi compañero de cacería fotográfica exclamó ¡¡un pájaro albino!! Intentando aclararle el error y explicándole yo que no era albino, sino un ejemplar con leucismo, prometiendo publicar un trabajo más completo en el que aclarara para él y todos los interesados en este tema las diferencias entre una y otra característica, lo que hago ahora.

 

Mirarle a los ojos para saber si es albino o con leucismo

 

© José Ángel Rodríguez

Escribano montesino con leucismo.

 

El albinismo es una condición genética en la que hay una ausencia congénita de pigmentación (melanina) de ojos, piel y pelo en los seres humanos y en otros animales en que puede presentarse causado por una mutación en los genes. También aparece en los vegetales, donde faltan otros compuestos como los carotenos. Es hereditario y aparece con la combinación de los dos padres portadores del gen recesivo.

La melanina es la responsable del color en nuestra piel y se distribuye por todo el cuerpo dando color y protección a la piel, el cabello y el iris del ojo. Cuando el cuerpo es incapaz de producir esta sustancia o de distribuirla se produce la hipopigmentación, conocida como albinismo. La melanina se sintetiza tras una serie de reacciones enzimáticas (ruta metabólica) por las cuales se produce la transformación del mencionado aminoácido en melanina por acción de la enzima tirosinasa. Los individuos albinos, tienen esta ruta metabólica interrumpida ya que su enzima tirosinasa no presenta actividad alguna o muy poca (tan poca que es insuficiente), de modo que no se produce la transformación y estos individuos no presentarán pigmentación.

 

El albinismo puro es poco frecuente en la naturaleza

 

© Rob Bixby

Ejemplar albino de ardilla roja (Sciurus vulgaris) con el pelaje estival.

 

Los animales albinos, por lo general, no sobreviven mucho tiempo en su medio natural debido a su debilidad ante los rayos solares y a que su falta de color los delata ante sus presas y depredadores, por lo que normalmente son localizados en cautividad  (zoológicos y centros de protección de la fauna) donde se encuentran  a salvo de sus depredadores naturales y pueden sobrevivir con las atenciones y cuidados humanos.

El leucismo (del griego λευκοσ, leucos, blanco) es confundido frecuentemente -por error- como "albinismo" o "albinismo parcial", cuando se trata de una alteración genética completamente distinta, siendo producido por un gen recesivo, que da un color blanco al pelaje o plumaje, mientras que  a diferencia de los albinos los ojos mantienen su color normal. Los animales con leucismo a diferencia de los albinos no son más sensibles al sol que el resto. Al contrario, pueden ser incluso ligeramente más resistentes pues al tener el color blanco una radiación elevada protege más del calor.

El leucismo en las aves, se define como la falta parcial o total de eumelanina o faeomelanina en las plumas, debido a un disturbio heredado en el proceso de formación de esos pigmentos.

El leucismo parece ser la aberración de color genéticamente determinada más común en las aves. Las aves que presentan esta aberración producen melanina de manera normal, pero el pigmento no se deposita en las células de las plumas, que debido a ello quedan blancas.

El grado de leucismo varí­a mucho, desde aves que tienen solamente alguna pluma blanca hasta aves con todo el plumaje blanco (igual que en los albinos, las plumas con colores rojos y amarillos, producidos por carotenoides, pueden estar intactas) pero los ojos siempre tienen coloración normal. El pico y las patas, en cambio, pueden estar normalmente coloreados o carecer por completo de color.

Las aves con aspecto general tornasolado o jaspeado (aspecto "lavado"), producido por combinación de plumas totalmente blancas y plumas de color normal, son generalmente individuos afectados de leucismo, como el que se reproduce en la imagen que ilustra este comentario, el que pese a tener el plumaje con tonos blancos dominantes, conserva el color natural de sus ojos. De modo que, y sintetizamos cuanto comentamos, un pájaro predominantemente blanco que muestra algo de pigmentación melánica, manteniendo el color natural de sus ojos, los que no son rojos ni rosa, no es un albino. El "albinismo parcial" (citado con mucha frecuencia en literatura ornitológica) es un concepto equivocado, ya que no existen aves "parcialmente albinas" del mismo modo en que no existen "embarazos parciales" no hay albinos parciales. O se es albino o  no pero no existen los albinos parciales, posiblemente no encontremos ante un ejemplar con leucismo, o, incluso, si presenta tan solo algunas plumas decoloradas, con un ejemplar que ha tenido problemas nutritivos de alimentación o ha pasado, o está pasando, por alguna enfermedad.