EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 231 –  SEPTIEMBRE 2018
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© José Ángel Rodríguez
Cebadilla en su hábitat natural de la Sierra de Baza

 

También conocida con el nombre popular de espiguilla, es una gramínea anual que puede llegar a alcanzar los 50 cms. de altura, aunque normalmente oscila entre los 15-30 cms., contando con  una inflorescencia en espiga, de donde toma uno de sus nombres populares, de entre 15 a 70 mm por 5 a 20 mm de ancho, de color verdoso a glauco, ocasionalmente con tonos violáceos y raquis frágil, que florece a final del invierno o principio de la primavera. Se estima que es originaria de la parte europea de la cuenca del mar Mediterráneo y se ha asilvestrado en diferentes partes del mundo, siendo una planta cosmopolita ruderal y arvense, por su capacidad para dispersarse, ya que una vez madura tiene la peculiaridad de poder desgranarse, fijándose firmemente por medio de sus cerdas al pelo, al tejido o la lana de los animales, sirviéndole de medio para la dispersión por amplios territorios.

Su nombre científico es Hordeum murinum. El nombre genérico "Hordeum" es el nombre latino de la cebada (Hordeum vulgare) y significa “pesado” en alusión a la alta densidad que tiene el pan elaborado con sus semillas, mientras que el epíteto "murinum" procede del latín murinus y viene a significar "muro" o “pared” sobre el que algunos autores han indicado que es asignado por su afición a crecer cerca de muros o tapias.

La cebadilla es una gramínea muy frecuente en lindes de caminos, eriales y praderas, también aparece en algunos céspedes artificiales, campos de cultivo abandonados  y terrenos nitrófilos.  La planta cuenta con grandes hojas lanceoladas que se descuelgan del tallo, que termina en una inflorescencia en espiga, que está formada por grupos sucesivos de tres espigas, cada una de ellas con una única flor.


Pocos usos etnobotánicos


Desde el punto de vista de la etnobotánica, la cebadilla ha sido considerada una “mala hierba”, sin aprovechamiento aparente para el hombre, aunque se ha utilizado como sustituto pobre de la cebada, tanto para producir pan, en época de hambruna y penuria económica, como en la alimentación animal, también para preparar sucedáneos del café de cebada.