EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 234 –  DICIEMBRE 2018
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EL ARCE GRANADINO (Acer granatense)

 

© José Ángel Rodríguez

Detalle de las hojas del arce granadino en otoño

También conocido con el nombre científico de Acer opalus sps. granatense, el arce granadino es una especie endémica del cuadrante del sureste ibérico y el Norte de África y por tanto un endemismo ibero-norteafricano, constituyendo la especie dominante y más representativa de los acerales béticos del Parque Natural Sierra de Baza, en la provincia de Granada.  

El nombre Acer parece aludir a su madera, y es de origen celta, aludiendo al antiguo uso de este tipo de madera para fabricar puntas de lanza. 

El arce granadino pertenece a la familia de las aceráceas, un género que comprende alrededor de 150 especies distribuidas en América del Norte y Centroamérica, Europa, norte de África y Asia. Se trata de un bello árbol o arbusto de pequeño porte, que raramente supera los 8 metros de altura, que se caracteriza por la amplitud cromática de los colores otoñales de sus hojas, y que van del amarillo al rojo, pasando por los colores ocres y anaranjados, siendo la especie que pone el colorido otoñal en las paredes calizas de las zonas húmedas en que se acantona. Necesitando precipitaciones anuales no inferior a 600 mm, además de disponibilidad de agua en verano, junto con suelos ricos en bases, por lo que siendo el clima general del Parque Natural Sierra de  Baza, mucho más seco, se han refugiado en valles húmedos de la media montaña, en donde se conservan como importante reductos botánicos, con una importancia ecológica y singularidad enorme.

 

La corteza del arce granadino es grisácea, adquiriendo tonalidades rosáceas, y su madera es dura, de buena calidad, y coloración amarillenta, mientras que sus hojas, son caducas, palmeadas con tres lóbulos principales y dos basales subsidiarias y las adultas son vellosas por el envés. Se caracterizan por la amplitud cromática de sus colores otoñales, que van del amarillo al rojo, pasando por los colores ocres y anaranjados, por lo que es un árbol muy apreciado en jardinería, tratándose de una especie que pone luz y color en los acerales béticos, en que se localiza esta singular especie.

 

El arce granadino es una especie protegida, por lo que no es objeto de usos etnobotánicos algunos en estas fechas, fuera de su empleo en jardinería con fines ornamentales. Actualmente aparece catalogada en el Libro Rojo de la Flora Amenazada de Andalucía como Vulnerable, teniendo particulares problemas de regeneración natural no solo por encontrarse en el límite del área con condiciones ecológicas para su supervivencia, sino particularmente por la herbivoría que padece tanto por la fauna salvaje como doméstica, que aprecia mucho sus hojas para el consumo, sino igualmente por tratarse de una especie de las llamadas anemócora, esto es, que tienen semillas que son dispersadas por el viento. En el caso del arce granadino, como los adultos son relativamente bajos y las semillas, que cuentan con dos sámaras (disámaras) son pesadas, su capacidad de vuelo es muy restringida, de manera que la mayoría de las semillas se dispersan muy cerca de las plantas madre a cuya sombra no pueden crecer de forma óptima y no alcanzan una deseada dispersión natural.