EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 228 –  JUNIO 2018
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LA DIGITAL O DEDALERA (Digitalis purpurea)

© Proyecto Sierra de Baza

Flor de la dedalera correspondiente a la subs. nevadensis

 

Tan bella como venenosa, la digital, también llamada dedalera por la característica forma en dedal de su flor, es una planta dotada de una roseta de hojas basales que crecen junto al suelo, estas hojas son dentadas, simples y alternas, con el envés finamente texturado  (se hacen más pequeñas hacia la cima del tallo) de las que arranca un largo y vistoso tallo floral, en el que se forman racimos colgantes terminales a lo largo del cual se agrupan las flores, tubulares, de hasta 5 cms. de largo, todas ellas orientadas hacia un mismo lado, de un atractivo y característico color rosa púrpura, de donde toma su nombre científico aun  cuando también los pétalos pueden tener otras tonalidades que va desde el amarillo pálido hasta el rosa intenso por el exterior y púrpura en el interior de la corola.

La planta de la digital crece en dos años; en el primero tras germinar produce únicamente una roseta de hojas basales, ovales, dentadas y de largo pecíolo, mientras que durante el segundo año se desarrolla un tallo largo (0,5 a 2,5 metros) y cubierto de hojas sésiles y rugosas. Todas las hojas de esta planta son ligeramente pubescentes, con la nervadura realzada en el envés, más o menos vellosa, a menudo tomentosa en la cara inferior. Tras el segundo año, la planta alcanza la floración y suele perennizarse.

Florecen de forma profusa y llamativa de junio a septiembre, dando lugar luego a un fruto en forma de cápsula ovoide, que se abre mediante dos valvas y contiene numerosa y diminutas semillas que se dispersan por el viento.

La digital se extiende por todo el occidente de Europa y norte de África, desde Marruecos, por el sur, hasta superar el Círculo Polar Ártico, mientras que por el oriente se extiende hasta la cuenca del río Elba. La amplia distribución geográfica de esta planta motiva también una gran diversificación de la misma, considerándose que dentro del territorio español se distinguen siete subespecies e innumerables razas y subespecies: la susp. purpurea (en sentido estricto o nominal); la susp. tomentosa, localizada en el sur peninsular y caracterizada por el color blanquecino de sus hojas, particularmente en el envés; la susp. mariana, que se cría en Sierra Morena, con hojas inferiores grandes y muy anchas; la susp. thasis, que se cría en las cordilleras divisorias de ambas Castillas y Extremadura, penetrando hasta Portugal, que se caracteriza por la presencia de pelos glandulosos que le dan un aspecto amarillento, particularmente cuando está seca; la susp. amandiana, que se localiza en la cuenca de los ríos Duero y Tua en Portugal; la susp. dubia, que se localiza en las Islas Baleares, siendo la de menor altura de las diferentes especies; y, por último la susp. nevadensis, que aunque hasta hace unos años se consideraba un endemismo exclusivo de Sierra Nevada, también se localiza en la Sierra de Baza y Sierra de los Filabres, por lo que se considera un endemismo granadino y almeriense. Esta especie se considera como la más bella de todas las digitales de nuestra geografía nacional. Por la belleza y espectacularidad de la floración de esta planta, la Digitalis purpurea es una planta común de los jardines, si bien debe de restringirse su empleo a jardines en los que no exista riesgo de que puedan ser manipuladas por niños.

 

Esta planta no era conocida de los grandes tratadistas de la antigüedad, de modo que se considera que fue introducida en medicina por el médico bávaro Leonardo Fuchs (1542) en su obra  “De Historis Stirpirum Commentarii”, siendo estudiada más tarde en Inglaterra y Alemania, estimándose en la literatura clásica de esta planta (muy abundante) que fue en el año 1775, cuando se usó por primera vez la infusión de hojas de digital en un enfermo hidrópico, tras lo que se incluyó en la Farmacopea de Edimburgo de 1783.

Actualmente y aunque esta planta fue muy popular en la farmacopea europea de los S. XVIII y XIX, particularmente para tratar problemas cardiacos, siempre por personas peritas en este campo, se ha descartado el uso terapéutico de esta planta, por el gran riesgo y peligro que entraña su manipulación para personas no expertas, al contener una sustancia tóxica llamada digitoxina, la que está presente en las hojas, flores y semillas de la digital, a la que protegen de los predadores. Esta sustancia química que afecta el corazón, por lo que su ingesta es fatal con frecuencia, por lo que se considera a esta planta como venenosa, aunque los casos registrados de envenenamiento han sido poco comunes.

 

La intoxicación con digital o dedalera ocurre generalmente al succionar las flores o comer las semillas, tallos u hojas de la planta y produce una visión ictérica (amarilla) y la aparición de visión de perfiles desdibujados (halos), además de bradicardia en casos extremos. Debido a que uno de los efectos secundarios de la digital es la reducción del apetito, irresponsablemente, algunos individuos han abusado de ella como una ayuda en la pérdida de peso, con resultados en muchos casos letales. La intoxicación también se puede presentar por el consumo de cantidades excesivas de medicamentos hechos de esta planta, incluyendo la digoxina, en muchos medicamentos comunes para tratar dolencias cardiacas, tomando de esta planta su nombre genérico: digitálicos. Se considera que si el individuo envenado sobrevive las primeras 24 horas las posibilidades de sobrevivir son muy altas.

La digital es un ejemplo clásico de una droga que deriva de una planta, que anteriormente fue usada en la farmacopea, si bien hace tiempo –como ya hemos destacado- que se dejó de utilizar con fines terapéuticos debido a su estrecho margen de seguridad y riesgo para las personas, por lo que actualmente debemos de contentarnos con  contemplar su espectacular floración estival.