EDICIÓN MENSUAL - AÑO XX
Nº 228 –  JUNIO 2018
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Detalle de los frutos y hojas de un Cotoneaster coriaceus ( = Cotoneaster lacteus) en su hábitat naturalizado de la Sierra de Baza

© José Ángel Rodríguez

 

También conocido en algunos lugares con el nombre popular de griñolera, se trata de un género (Cotoneaster), integrado por unas 50 especies de arbustos pertenecientes a la familia de las rosáceas. Originarios de las regiones frías y templadas de Asia y Europa, se ha naturalizado y adaptado perfectamente a nuestra vegetación natural, al tratarse de un arbusto de hoja atractivas y frutos invernales muy vistosos, que soporta muy bien las heladas, de modo que puede resistir temperaturas extremas de hasta 15 ºC bajo cero y tolera una gran variedad de suelos, aunque no soporta los terrenos encharcados. Ha sido muy utilizado por el hombre en jardinería, también en parques y en áreas recreativas y en el entorno de casas rurales, donde podemos encontrarlo plantado o naturalizado, ya que se trata de una planta que se reproduce muy bien por sus semillas.

Según cuenta López González en su "Guía de los Árboles y Arbustos de la Península Ibérica", el nombre de cotoneaster procede del latín estando formado por el sustantivo "cotoneum" que significa membrillo, y el sufijo "aster" que indica "parecido imperfecto o inferioridad" y que se usa con frecuencia para formar los equivalentes silvestres de las plantas cultivares. Viene a significar, por tanto, membrillo borde, aludiendo al parecido de las hojas de algunas especies de cotoneaster con las del membrillo.

La hojas del Cotoneaster son por lo general perennes, aunque la especie nativa del Cotoneaster granatensis, son caducas. El tamaño de las hojas es variable, dependiente de la especie, pero por lo general de 3-6 cm de largo,  consistentes pero flexibles y moldeables y con el borde entero (liso), de forma oval, verde obscuras por el haz y blanquecinas por el envés, contando con nervios muy patentes. Los cotoneaster son unas plantas melíferas, que atrae a las abejas y a otros insectos polinizadores. Sus flores son blancas con tonalidades rosadas, y aparecen en inflorescencias erguidas en racimos de 3-20 ejemplares, que dan paso a final de otoño y principios de invierno a unos frutos (pomos) muy atractivos de color rojizo, ovoide, pequeño, que contiene 2 semillas, con pelos blanquecinos agrupados en grandes racimos.

Las aplicaciones etnobotánicas de estas plantas son exclusivamente en jardinería, al tratarse de una planta muy atractiva, de fácil reproducción y cultivo. El fruto del cotoneaster no es consumido por el hombre, tampoco por las aves, al ser ligeramente tóxico, al tener un alto contenido en heterópsidos cianogenéticos, los que desaparecen cuando está muy maduro, lo que ocurre cuando ya está avanzado el invierno, siendo por tanto un aliento muy apetecido por las aves en la época del año en que más escasea la comida y los frutos silvestres.

En la zona de calares del macizo central del Parque Natural Sierra de Baza, tenemos una especie nativa y endémica de las sierras béticas de cotoneaster, el Cotoneaster granatensis, popularmente conocido como durillo dulce, tratándose de una especie protegida, que está incluida en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía, calificada como "casi amenazada". Las hojas de esta especie nativa son caducas, de ovado-elípticas a suborbiculares, haz generalmente pubescente, grisáceo, envés glauco, subglabro o blanco-tomentoso y de menor tamaño que las especies foráneas de cotoneaster. También tienen menos flores las inflorescencias, que no superan las 10-12 flores. Sus fruto son también pomos, de ligero mayor tamaño que las especies alóctonas, pudiendo alcanzar 1 cm de diámetro, piriforme, rojo oscuro o violáceo, conteniendo 2 semillas en cada fruto y a diferencia del resto de cotoneaster es comestible y de sabor agradable.