EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 214 –  ABRIL 2017
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Por José Padilla

 

 © Proyecto Sierra de Baza .

Foto del grupo de asistentes a este viaje en Lobo Park, Antequera.

 

Dentro del Programa Anual de Actividades de la Asociación Proyecto Sierra de Baza, se organizó este año un viaje por la zona del litoral de las provincias de Granada y Málaga, que penetraba por el interior hasta Antequera y finalizaba en Alhama de Granada. Una crónica de este viaje, es comentada por uno de los asistentes al mismo, nuestro compañero José Padilla Valdivieso que nos ha hecho llegar sus viviendas de este viaje, y que transcribimos para vosotros.

   

CRÓNICA DE UN VIAJE

 

Día Primero. Visita a Vélez de Benaudalla (sábado 30 de abril de 2016)

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Los asistentes atienden la explicación de la guía en el interior de la torre del castillo de Vélez de Benaudalla.

 

Madrugadora fue la salida desde Baza y a las 8:30 de la mañana ya estábamos en la bonita ciudad de Vélez de Benaudalla, emplazada en un auténtico balcón natural, rodeada de valles verdes en un entorno paradisiaco, como así fue apreciado por la cultura árabe que eligió este lugar para establecer en él ricas huertas y palacetes.

 La primera visita guiada de la jornada, también del viaje, fue a la Iglesia de Ntra. Señora del Rosario (s. XVIII), donde encontramos pinturas de gran belleza, quizás algunas con falta de restauración. La guía, muy atenta a nuestras curiosidades, nos explicó que esta población era de origen árabe y que Vélez de Benaudalla proviene del árabe Ballis Banus Allah, que significa “Valle del hijo del Siervo de Alá”. También nos llamó la atención el altar, recubierto de toba, una piedra que forma el agua caliza, dándole aspecto de pequeñas estalactitas y estalagmitas, las que estaban muy bien combinadas, ofreciendo una decoración muy original.

Después recorrimos las empinadas calles de la población, hasta llegar a la torre vigía y a los distintos nacimientos de agua que recorren las calles del pueblo. En todo el recorrido pudimos observar que Vélez de Benaudalla es un pueblo muy cuidado, con infinidad de macetas en cada rincón de sus calles y su clima tropical hace que sus hermosos huertos luzcan con esplendor.

Caminamos por el paseo del Nacimiento, efectuando un placentero paseo junto al canal de agua. Al final hay un bar y los dueños, al contemplar nuestro grupo, amablemente adelantaron la hora de apertura para que pudiéramos refrescarnos, así que nos tomamos unas cervezas y muchos compraron frutas.

Observé el nacimiento y sus cauces de aguas limpias, que daban vida a numerosos huertos y, por último, al Jardín Hispano-nazarí, que sería centro de nuestra visita vespertina. En la pequeña balsa había unos versos que decían así:

 

Si no has nacido en el sur,

moja tus manos en mí.

Tendrás amor y salud

y te llevarás de aquí

la alegría de vivir

que tiene el pueblo andaluz.

 

Tras esto, nos dirigimos a la zona donde se había programado la comida, pero antes se efectuó una visita al Museo del Aceite, emplazado a escasos metros del restaurante donde íbamos a comer. La guía nos explicó los antiguos procesos de elaboración del aceite que yo, con mis años, recuerdo perfectamente. La aceituna se recogía y se guardaba en las casas, muchas veces con escasas medidas de higiene. Otras veces se llevaba a la almazara, depositándola en uno de los muchos atrojes numerados que había en el patio.

Los operarios de la almazara empezaban el proceso de elaboración: trituraban la aceituna en una plataforma donde giraban unos enormes rodillos cónicos de gran peso hechos de piedra. De allí pasaba a la batidora y después a la prensa, siempre con agua caliente, de la prensa iba cayendo por su peso a las fuentes, de donde se cogía el aceite ya reposado. La separación de ambos líquidos se hacía mediante un procedimiento natural que aprovechaba la distinta densidad del agua y del aceite. Este último pesa menos (958 gr.), por lo que quedaba arriba flotando sobre el agua.

Hoy este proceso está mecanizado y dispone de unas medidas de higiene muy avanzadas. En la nueva almazara se ablenta y  se lava automáticamente la aceituna para que un martillo la triture. El aceite se obtiene por centrifugado y unas bombas lo transportan a los depósitos gigantes de acero inoxidable, que sustituyen a los antiguos bidones de hierro.

Por la tarde visitamos el Jardín Hispano-Nazarí, distribuido en varias terrazas a distintos niveles y con extraordinarias vistas al valle. Si entornas los ojos viendo ese paisaje y después los cierras, como si mentalmente quisieras retroceder en el tiempo, entonces sientes admiración y respeto por aquellos antepasados que vivieron allí.

Qué pena que en los tiempos que vivimos, en los un pequeño sector fanático e intransigente del pueblo árabe haya tomado caminos muy peligrosos para ellos y para todo el mundo. Yo, con humildad y respeto hacia todas las religiones, de las que bajo ningún concepto haría burla alguna, opino que no se debe sembrar la muerte en nombre de ningún dios. La vida es una constante renovación y las religiones no deben albergan ninguna rivalidad entre ellas, al contrario, se complementan. Las guerras se ganan sin tiros, sólo con hechos y buen ejemplo. En honor a estos árabes que vivieron aquí leeré el Corán, y tengo la seguridad de que me gustará y de que mi religión no me impide que con su lectura adquiera un grado mayor de cultura.

 

Día segundo. Visita a Frigiliana y Motril (domingo 1 de mayo)

 

 © Proyecto Sierra de Baza

Visita guiada por las bonitas y bien cuidadas calles de Frigiliana.

 

Tras el desayuno en el Hotel Al-Andalus de Nerja, donde estábamos alojados, se procedió a la visita de Frigiliana, un pueblo de Málaga muy bonito, que ha sabido adaptarse al turismo poniendo en valor su historia, su clima, su arquitectura popular y sus espacios naturales. También han conseguido que sus habitantes valoren lo que tienen y mantengan sus espacios públicos y privados limpios y adornados de flores, cuyo colorido resalta el blanco inmaculado de sus fachadas.

Hablé con un lugareño que me explicó un poco la historia de este pueblo y lo hacía convencido y orgulloso de poder hacerlo. No vendría mal que tomemos nota para poder hacer lo mismo en lugares en que ya se van recibiendo visitas turísticas, e incluso formar a la gente con cursillos, sobre todo a personas mayores, para que tomen conciencia de nuestro patrimonio cultural y natural: Museo Arqueológico, Baños árabes, Centro de Interpretación de la Dama de Baza y otros muchos lugares por valorar. Es triste que, a veces, personas que nos visitan por primera vez sepan más de nuestra historia que nosotros mismos.

Visitamos también en Frigiliana la Casa de los Aperos, Oficina de Turismo Local, muy bien restaurada y conservada, donde también se aloja el Museo Arqueológico, para continuar con otra visita a la antigua fábrica de miel de caña de “El Carmen”. Allí coincidimos con una maratón muy especial. Me emocionó ver a los papás y mamás con sus niños pequeñitos con todo su equipo y su número a la espalda, inculcándoles la sana costumbre del deporte.

Mis compañeros bajaron al río, yo no pude; mis rodillas no me dejaron. Ya muchas veces, cuando veo algo bonito, me despido en mi conciencia con la seguridad de que ya no me dará tiempo a volver, pues soy consciente de que estoy en la última etapa de mi vida.

Por la tarde visitamos Motril, el Río Verde, con ese impresionante valle tropical de color verde que le da nombre al paraje, y los campos de cultivo de la caña de azúcar, donde nos hicieron una demostración de su cultivo y recolección. Después nos invitaron a una degustación de azúcar de caña, miel de caña y ron, teniendo la oportunidad de adquirir algunos de estos artesanales productos.

 

Día Tercero. Visita a Antequera y Alhama de Granada (lunes 2 de mayo)

 

 © José Ángel Rodríguez

Pareja de lobos blancos de Alaska en Lobo Park.

 

Por la mañana, y tras dejar el Hotel Al-Andalus de Nerja, donde estuvimos alojados durante todos estos días, recibiendo un trato muy amable y atento por su personal, iniciamos el viaje de regreso, pero entrando por el interior para penetrar en dirección a Antequera, donde intentamos visitar sus famosos dólmenes, pero estaban cerrados esa jornada. Continuamos ruta y a las afueras paramos en un curioso bar-museo que tenía gran variedad de herramientas y máquinas en desuso.

Después estuvimos en la Reserva de lobos de Antequera. Allí pudimos ver de cerca distintas variedades de lobos, en concreto el lobo blanco del Ático, también llamado Lobo de Alaska o del Canadá, de un pelaje inmaculadamente blanco y largo, muy bonito, que tiene para camuflarse entre la nieve, lugar donde vive y caza; la siguiente visita fue a una manada de lobos europeos; y, finalizó con nuestro lobo ibérico, el más pequeño fino y elegante de todos estos lobos. Cada una de estas especies estaban en grandes recintos vallados y separados entre sí. No ofrecían peligro aparente. Parecían perros, sólo su mirada profunda los distinguía. Cuando la cuidadora que informaba al grupo se ponía el guante para arrojarles la comida, ellos ya estaban preparados para coger al vuelo al trozo de carne.

De Antequera seguimos el viaje en dirección a Alhama de Granada, donde paramos a comer en un restaurante situado junto a la pantaneta de Alhama, del que salimos muy satisfechos. Por la tarde se efectuó un recorrido por sus monumentales iglesias, todas ellas muy bien conservadas y con valiosos elementos arquitectónicos, para terminar nuestra visita de Alhama asomándonos a su famoso tajo, con unas perspectivas y vistas muy bonitas. Por último, para cerrar el viaje, fuimos a una fábrica de quesos artesanales llamada Cortijo de Arroyo, que se emplazaba en un paraje muy verde y bonito, al que se accedió por un sendero en el que pudimos disfrutar de un placentero recorrido, tras lo que iniciamos el camino de vuelta para casa.

Gracias a la Agencia de viajes Quebranta, a Manolo Moreno y José Ángel por haber elegido este itinerario, a los compañeros y compañeras por hacer este viaje tan ameno, al guía por su amabilidad e información y al conductor por su seguridad en todo momento.

                                                                                                 J. Padilla Valdivieso