EDICIÓN MENSUAL - AÑO XIX
Nº 212 –  FEBRERO 2017
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© Proyecto Sierra de Baza

Berros en floración, en una acequia de riego.

 

También conocida como mastuerzo, el berro de agua (Nasturtium officinale) es una planta con tradicionales usos en la medicina popular y en la farmacopea clásica, a lo que alude el epíteto de su nombre científico officinale (en alusión a  las oficinas de farmacia, donde se elaboraba y obtenía preparados médicos).

El berro (Nasturtium officinale) es una planta herbácea perenne de hojas redondas y color verde intenso, de la familia de las crucíferas, que llega a alcanzar los 80 centímetros de altura,  aunque normalmente su porte es rastrero, dado la poca consistencia de sus tallos glabros (desprovistos de vellosidad o pelo), contando con unas pequeñas flores (de 4 a 6 mm.) de color blanco, reunidas en racimos o panículas al final del tallo, que aparecen en primavera y que dan lugar a unos frutos en silicua, que se dispensar a través del agua, al flotar.

Esta especie requiere de mucha agua, por lo que crece en climas húmedos, o cerca de arroyos y otros cursos de agua, rica en nutrientes, interpretándose como bioindicadora de la presencia de aguas encharcadas y/o contaminadas, donde es muy abundante pudiendo llegar a cubrir toda la superficie del agua, contribuyendo a su eutrofización.

Cultivado y aprovechado por el hombre con fines culinarios desde la antigüedad, aunque particularmente en los últimos siglos, es difícil establecer su área natural, que parece estar en las zonas cálidas de la región mediterránea y continente europeo.

 

Una planta comestible y nutritiva

© Proyecto Sierra de Baza

Detalle de las flores y hojas del berro.

 

Aun cuando ya se habla del uso del berro en tiempos de Carlomagno (S. VIII) su aplicación más tradicional ha sido como alimento, consumiéndose las hojas verdes y el tallo fresco y bien pelado y lavado, también cocido como se preparan las acelgas. Se estima que es una planta rica en vitamina C, además de contener otras vitaminas como la A, D y E. Sirve para combatir la anorexia, prevenir el escorbuto (se cuenta que los marineros lo tomaban macerado con el vino en las largas travesías en barco), así como la avitaminosis en general, y se ha utilizado también para abrir el apetito, por lo que era muy frecuente darlo a los infantes antes de la comida o formando parte de los ingredientes de algunos platos como sopas y cocidos. Pío Font Quer, en su clásica obra “Plantas medicinales. El Dioscórides Renovado” dice sobre el consumo del berro, que deben de abstenerse de comerlo las mujeres en cintas “pues les puede provocar abortos” y también debe de evitarse el consumo de los berros floridos o fructificados “porque son dañinos”. También señala Font Quer entre sus propiedades las de que “los berros limpian el vientre, matan las lombrices intestinales, mudifican las vías urinarias, provocan la orina y combaten el reuma, la bronquitis y toda suerte de enfermedades catarrales”.    

Aunque el berro es un alimento muy nutritivo y beneficioso para el organismo, debemos de tener cuidado con su consumo, por resultar un poco pesado e indigesto y particularmente por poder proceder la planta de aguas fecales o contaminadas, siendo recomendable, ante la duda de su procedencia, cocer la planta y hervirla antes de consumirla.

Otras aplicaciones etnobotánicas de esta planta, por sus propiedades antivirales, han sido para tratar algunos problemas de la piel, como dermatitis y erupciones cutáneas, para lo que se utilizaba su jugo a modo de ungüento, para lo que se machacaba en un mortero la planta, obteniendo 60 gramos de líquido por cada 100 gramos, aproximadamente, de berros frescos, dado su alto contenido en agua.