EDICIÓN MENSUAL - AÑO XXII
Nº 251– MAYO 2020
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Un proyecto de Miguel José Ávalos

Fotógrafo del Reino de Granada

 

EPISODIO 3:

Calar de Rapa (2.239 m.),

Parque Natural Sierra de Baza.

 

BANDERA INVERNAL:

 

Atardecer de invierno. Un poco por encima de las Casas de Don Diego.

 

La nieve supo a “Gloria” para la Sierra de Baza. Los ciervos, torpes pero felices, corrieron hundiendo sus cuerpos en lo blanco. Sus huellas trajeron los verdaderos olores húmedos. Ansiosas, la piedra y la tierra aprovecharon para hidratarse de verdad. El aire fue fresco, puro y reparador.

Al poco vino el sol por los calares y trajo las gotas malayas del deshielo. En este invierno que estamos atravesando, los mosquitos se volvieron alpinistas y escalaron hasta más de 2000 metros de altitud en las noches heladas. Mi cuello fue testigo de ello. Más abajo, las orugas pusieron sus pasos en las calles forestales y aunque algunas murieron heladas en el camino, otras superaron la prueba de la vida y ahora andan enfrascadas dedicando su particular viacrucis debilitador a mis maderos preferidos.

 

La procesionaria, debilitadora del pino. La nieve, debilitadora de la procesionaria.

 

Del blanco al desnudo, la sierra cambió de vestido. Al unísono fue todo lento y vertiginoso. Cada elemento con su función. Como la mejor de las orquestas filarmónicas. La naturaleza tiene la batuta. Y nada es imprescindible para ella pero todo es necesario en su justa medida. Ella tiene la balanza y decide. Nuestros pinos salvajes de las cotas más altas del Calar de Rapa bien lo saben. Todo fue un espejismo, un bonito sueño. La rutina solar caerá sobre sus poros más tiempo del que ellos quisieran. Mejor estarían en Siberia. Pero son realistas y se hicieron a este ciclo soporífero del sur de la península ibérica. Se buscarán la vida sin apenas agua que beber, retorciéndose de todas las maneras posibles, de quebranto en quebranto, e irán cayendo exhaustos, para tomar formas asombrosas o desaparecer.

 

La naturaleza es bella hasta la muerte.

 

Durante este mes, estuve ascendiendo a la Sierra de Baza por Gor. Si tomamos esta ruta, antes de llegar a Las Juntas, a mano derecha, nos encontraremos un cadáver con un porte de más de 30 metros. Era el “Pino Nieto”; que fue árbol singular; y que tomó su nombre por ser descendiente de un abuelo espigado que también vivió afincado en este rincón de la ribera del río goreño. Foto tomada el 19 de febrero de 2019. 20:23 horas. 1806 segundos de exposición.

 

El deshielo.

 

Hay una balsa entre los Barrancos de la Mina y de los Murciélagos (o de los “Morciguillos” como le gusta decir a los que frecuentan el Albergue “El Gorillo”). Hace unos años anduve subido en sus placas de hielo. Aquí usé la charca en búsqueda de un reflejo del agua que andaba pasando de sólido a líquido. Foto tomada el 29 de enero de 2019. 18:54 horas. 1/500 segundos de exposición.

 

LA CABRA SIEMPRE TIRA AL MONTE

 

Machos perdidos.

Sin recorte ni reencuadre de ningún tipo. Exclusivamente con ajustes básicos de reducción de ruido y contraste. Foto tomada el 20 de febrero de 2020. 19:32 horas. 1/50 segundos.

 

Las montesas están siendo los actores secundarios de mis misiones en búsqueda de pinos. Hice balance; desde octubre del año pasado ya van 29 expediciones, 2448 Kms. en 4x4 y 92 Kms. a pie en rutas de ida y vuelta con forma de “s” debido al desnivel. Tengo que agradecerles a los íbices hispánicos los senderos naturales que trazan entre piedra y piedra. Hacen más sencillas las ascensiones y descensos. La cabra montés macho se separó tras el celo de las féminas. Camina el grupo masculino errante. A cada paso un pensamiento. Y a cada pensamiento un paso. Yo ando igual, en paralelas circunstancias. Y merendando y cenando calares nos solemos perder por los horizontes sin miedo. Hace ya que no son tiempos de huidas a vida o muerte.

 

Lobo ibérico troquelado.

Retrato minimalista. Foto tomada el 10 de noviembre de 2019. 12:00 horas. 1/800 segundos.

 

La ausencia del lobo ibérico por estas altiplanicies repletas de simas naturales deja el ambiente más que cojo. La luna llena que vino, que en esta época la llaman de nieve, debería haber dejado escenas de aullidos y contraluces estremecedores por estos aislados lugares. La sabia hemeroteca de esta revista me cuenta que Rapa fue uno de los últimos lugares donde se vio a este gran depredador por la provincia de Granada. Duró hasta los años ’30. El artículo “Va el lobo” del profesor Tristán nos da nombres de los mejores loberos que hubo desde la Reconquista hasta su desaparición. La presión humana arrinconó a este gran depredador hasta quitarlo de en medio y romper la cadena trófica. Fue desterrado de nuestras zonas esteparias a estos bosques y montañas. Y aquí se escondió mientras pudo. Su espíritu sigue aquí. La luna lo sabe.

 

 

 “Dualidad”.

 

Pino que presenta dos cualidades, la fuerza y la debilidad. En su epicentro anda la pasada luna de nieve que se abrió paso como pudo entre las nubes del frío. Para hacer esta fotografía fue necesaria una sesión de exploración el día anterior. Tras descubrir al individuo había que plantarse en el sitio justo y esperar 24 horas para volver a subir entre riscos. Foto tomada el 9 de febrero de 2020. 21:03 horas. 5 segundos de exposición para conseguir el efecto de las nubes. 1/100 segundos de exposición para conseguir la luna. No es una superposición que lleve reencuadre alguno. Es una exposición múltiple in situ sin mover el trípode. La luna se plantó justamente allí porque ella así lo quiso.

Suenan lejanos cánticos de sirena que hablan de una remota reintroducción del lobo en el mismísimo sitio donde se le exterminó. Aquí, en la Sierra de Baza y en la Sierra de los Filabres. La agricultura intensiva tiene nuevos enemigos en los jabalíes, ciervos... Sería curioso tener al lobo ahora como amigo para controlar estas poblaciones. Y sería curioso también para él volver. Andaba acostumbrado a la verdadera estepa ibérica. Se vería envuelto entre macro-granjas, parques solares que escandilan por el día, parques eólicos que escandilan por la noche, orujeras que llenan la Hoya de Baza de benzopireno, geoparques mentirosos sin nombre y sin protección de su paisaje, humedales marcados en mapas ficticios y arrinconados por las zanjas de regadíos artificiales que se instalaron postizos en tierras áridas que son roturadas sin control…

Hay otra depredación más a la naturaleza en mi tierra. Es silenciosa pero terrorífica. Como los venenos que acabaron con el lobo. Estoy a favor de las energías renovables, de la agricultura ecológica… pero no de la tomadura de pelo. Los cambios de modelo energéticos, agrícolas y socioeconómicos deberían planificarse por verdaderos expertos y agentes locales activos y conocedores de la zona que busquen una sincera sostenibilidad y que modifiquen todo con planes a largo plazo que miren por generaciones futuras más que por nosotros. Vamos a aniquilar el planeta. Aquí, en esta parte del mundo que me tocó vivir, se está yendo a ciegas hacia la avaricia del dinero rápido y fácil. Y los que nos mal gobiernan siendo parte y tratando de vendernos una gran mentira. Lo que nos queda por ver. El horror viene de camino.

 

Cráneo de macho montés.

Encontrado así a la altura del Peñón de Don Alonso.

 

EMOCIONES DE UN FOTÓGRAFO DE NATURALEZA

 

Por eso subo y subo a las montañas. Arriba hay otras leyes. Hay rituales misteriosos que se alejan de la razón. Mejor dicho, de la sinrazón. Aquí vale el instinto, el olor, el tacto, la percepción. Y el pensamiento, que es secundario, hasta se contagia y se vuelve más profundo y sabio. Este mes tuve la suerte de vivir situaciones de todo tipo. Malas y buenas. O buenas y malas. Según lo mire. De todo se aprende y especialmente de las que vienen del revés. Las situaciones críticas dejan grandes enseñanzas. La naturaleza te avisa de ellas, te manda señales en códigos codificados. Todo tiene un por qué… un cuándo, un cómo, un dónde. Abajo me creo que domino mi futuro. Arriba me doy cuenta que ando a merced. Las fotos se convirtieron en excusas para encontrarme con algo indómito.

 

Pino solitario de horizonte cambiante.

 

Doy gracias por lo que ando viviendo. Espero que estos árboles me sigan esperando en tiempos venideros; espero poder seguir encontrándome con ellos. ¡Cuánta sabiduría encierran! En los dominios del pino salvaje y la sabina rastrera quiero dialogar con sus otros habitantes, con el águila real, con la cabra, con la oruga, con la nube, con la piedra, con el viento… mediante dialectos ininteligibles y chocantes para mí, pero siempre respetuosos. Entre seres nobles. La fotografía de naturaleza es una vía para entender mejor la vida. Tomen nota: no somos nada y ésa es nuestra grandeza.

 

Fdo. Miguel José Ávalos

Fotógrafo del Reino de Granada

 

www.migueljoseavalos.com

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