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Edición Mensual - Año XXVII | Nº 296 - Febrero 2024

NOTICIAS

imagen de decoración

Hábitats de Interés Comunitario del Parque Natural Sierra de Baza y su entorno (XXXI)

Bosques de Quercus ilex o de Quercus rotundifolia


Código de la Unión Europea: 9340

Por José Ángel Rodríguez


© José Ángel Rodríguez
Encinar característico de la Sierra de Baza, en las proximidades del núcleo de población de Los Rodeos. 

PROYECTO SIERRA DE BAZA
01/12/2023

Este Hábitat de Interés Comunitario (Código de la Unión Europea 9340) está caracterizado por la presencia de bosques esclerófilos mediterráneos dominados por la encina (Quercus ilex subsp. ballota) en áreas de clima continental seco o por la alsina (Q. ilex subsp. ilex) en ambientes más oceánicos y húmedos.

Distribución de este hábitat a nivel comunitario andaluz


Mapa de distribución de este HIC a nivel comunitario andaluz.

Siguiendo la publicación “Guía de Identificación de Hábitats de Interés Comunitario de Andalucía” (Junta de Andalucía. Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible. Secretaria General de Medio Ambiente, Agua y Cambio Climático, 2020), a nivel de la comunidad autónoma andaluza, los bosques de Quercus ilex y Quercus rotundifolia, aparece por toda la región, pero por el secular aprovechamiento que de los mismos ha venido haciendo el hombre, son pocos los encinares bien conservados, siendo aún más escasos en el oriente semiárido, donde son sustituidos por los coscojales, y en la zona litoral de Huelva, están ausentes.

En el concreto caso de la Sierra de Baza, los bosques de encina de Quercus rotundifolia forman parte de su vegetación nemoral o histórica, aun cuando también se han visto desplazados por la actuación humana de modo general y en particular por la masiva reforestación con coníferas. Como zonas que conservan los mejores encinares, podemos citar varios enclaves del Parque Natural Sierra de Baza como es la zona que va desde el Barranco de Vergara hasta el Barranco de las Asperillas, pasando por los Rodeos, donde se mezclan estos bosques con encinares adehesados; la zona de la Cañada de la Cueva, Royo Serval, Loma del Quemado, Cerro del Carbonero y Los Corvos, dentro del término municipal de Gor; La Carrasquilla, en las proximidades del arroyo Bodurria; El Carrascalillo, localizado junto al arroyo de Morax; o, toda la zona de Los Jarales, en las proximidades de Charches; además de otros enclaves localizados en el piso supramediterráneo como el Cerro de las Virgen, las gleras del Collado de La Boleta en su confluencia con el Barranco Relumbre o la umbría del Calar de Santa Barbara en su confluencia con el Barranco de la Fábrica del Rey.  

Principales características de este hábitat de interés comunitario


© José Ángel Rodríguez
Encinar de la Loma del Quemado, junto al Royo Serval.

Los bosques esclerófilos mediterráneos objetos de este HIC, son formaciones dominados por la encina, con una cobertura de arbolado superior al 30% (25% ocasionalmente) con sotobosque característico, según el tipo de bosque, el que aparece condicionado por dos factores fundamentales: la altitud y el suelo.

Las repoblaciones, cuando están maduras con sotobosque desarrollado, dentro del área de distribución natural, también se incluyen dentro de este HIC 9340. Por el contrario, los encinares abiertos, carentes de estratos característicos y diferenciales son, en su mayoría, encinares adehesados del HIC 6310. Las formaciones mixtas de encina con otras especies de Quercus, se adscribirán al correspondiente HIC concreto en función de la especie dominante.

La encina como especie más característica del monte mediterráneo


© José Ángel Rodríguez
Algunos pies de encina pueden adquirir un excepcional porte. Encinar de Los Rodeos.

La encina es un árbol esclerófilo bien adaptado a las condiciones climáticas mediterráneas de la mayor parte de la península. Prospera en zonas a nivel del mar con inviernos suaves, en áreas elevadas (hasta 2.000 metros de altitud en solanas) o continentales con clima invernal más frío, pero su óptimo bioclimático es meso y supramediterráneo de ombroclima seco o subhúmedo.

Se establece en casi todo tipo de sustratos, excluyendo los salinos o los encharcados durante largos periodos y es escasa en suelos con yeso o en vertisoles. Tolera el déficit hídrico (sus raíces pueden absorber agua de capas profundas) por lo que soporta las sequías estivales.

La ubicación y las condiciones climáticas, edáficas, etc., determinan la aparición de encinares monoespecíficos o de bosques mixtos con otras quercíneas o incluso con acebuches, algarrobos, madroños, etc., especies estas últimas que no están presentes en la Sierra de Baza, dado que son especies más termófilas que las que aquí se localizan de un modo natural, o con diversas coníferas de los géneros Pinus, Juniperus, Abies. La amplitud de ámbitos geográficos y condiciones ambientales y edáficas se traduce en una gran variedad de tipos reconocibles de encinares en Andalucía.

En el concreto caso de la Sierra de Baza, siguiendo a OLMEDO COBO J.A. (“Biogeografía y Vegetación de la Sierra de Baza”, Granada, 2019), son característicos de este territorio la serie bética, mesomediterránea seco-subhúmeda y calcícola-dolarenitícola, ocasionalmente edafoxerófila, de los bosques de Quercus rotundifolia, localmente con Quercus faginea en los lugares más húmedos, con Paeonia coriácea, formando los llamados encinares con peonias. Mientras que, en las zonas más altas, domina los llamados encinares con agracejos, formando la serie bética de los bosques de Quercus rotundifolia con Berberis hispanica, de óptimo supramediterráneo seco subhúmedo y húmedo, de carácter calcícola y calco-dolomítico, que aparecen distribuidos en cotas que van desde los 1.200-1.400 metros de altitud a los 1.700-1.900 m.s.n.m.

También están presentes en la Sierra de Baza los llamados encinares nevadenses, pertenecientes a la serie Adenocarpo decorticanti-Querceto rotundifoliae, con el entorno de El Raposo y Benajara como principal zona de su presencia. 

Vegetación propia de este HIC


© José Ángel Rodríguez
Encinar del Cortijo de Los Corvos, con la presencia de majuelos (Crataegus monogyna) en floración primaveral, en el sotobosque.

Siguiendo a OLMO COBO, J.A., podemos indicar como las especies acompañantes, características de estos encinares en las etapas maduras, varían en función del tipo de encinar ante el que nos encontremos. Así en los encinares con peonías, propios del piso mesomediterráneo, además de la encina (Quercus rotundifolia), podemos localizar otras especies como pino carrasco (Pinus halepensis), enebros de miera (Juniperus oxycedrus), hierba de las coyunturas (Ephedra fragilis), romero (Rosmarinus officinalis), tojo (Ulex palviflorus), aulagas (Genista scorpius), romero macho (Cistus clusii); lavanda (Lavandula latifolia), carrasquilla (Rhamnus myrtifolius) y espino negro (Rhamnus lycioides)

Mientras que, en los llamados encinares con agracejos, propios del piso supramediterráneo, igualmente, además de encinas (Quercus rotundifolia), podemos encontrar otras especies arbustivas características como enebros de miera (Juniperus oxycedrus), torvisco (Daphne gnidium), agracejos (Berberis hispanica), majuelos (Crataegus monogyna), rosales (Rosa pounzinii) y guillomos (Amelanchier ovalis), y en bosques más húmedos y maduros quejigos (Quercus faginea) y arces (Acer opalus ssp. granatense). 

Como refieren GÓMEZ MERCADO y VALLE TENDERO (“Mapa de Vegetación de la Sierra de Baza”, 1988), las principales especies presentes en los encinares silicícolas, además de la encina, son el aznacho o rascavieja (Adenocarpus decorticans), que da nombre a la serie de vegetación, junto con especie como el jaguarzo (Halimium viscosum), la jara de hoja de laurel (Cistus laurifolius), el enebro de la miera o enebro rojo (Juniperus oxycedrus), el torvisco (Daphne gnidium), el tomillo blanco o mejorana (Thymus mastichina), Santolina rosmarinifolia y la escobilla parda (Artemisia campestris).   

Fauna característica de este HIC


© José Ángel Rodríguez
Pico picapinos moviéndose entre las ramas de una encina. 

La fauna presente este HIC es muy rica y variada, estando adaptada la fauna del encinar a las condiciones que ofrece el medio. De modo que sin en primavera florecen las encinas, momento en que estos árboles adquieren un tono amarillento, debido a las flores que se agrupan en largos amentos colgantes, que darán paso al fruto de la bellota, que alcanzará su maduración en otoño, la fauna se ha adaptado a estas disponibilidades alimenticias y en primavera abundan los insectos, siendo particularmente importantes las abejas, que   aprovechan la floración y la diversidad de especies vegetales presentes en su sotobosque.

Las aves insectívoras, aprovechan esta explosión de insectos y se dan cita en el encinar, mientras que con la llegada del otoño y la presencia de la bellota, son muchas las aves que se aproximan hasta el encinar para consumir sus frutos, como el arrendajo, los mirlos o el zorzal charlo, aunque también son animales como el jabalí o los ciervos los que aprovechan estos frutos otoñales, al igual que hacen ratones de campo, lirones caretos y topillos, que a su vez sirven de alimento a otros carnívoros como el zorro, la comadreja, la garduña o la jineta.

Valores de este HIC y consejos de gestión


© José Ángel Rodríguez
Encinar en la zona del Cerro del Carbonero. 

La dinámica de los encinares, como la de otros tipos de bosques y matorrales mediterráneos, está muy condicionada por la irregularidad de las precipitaciones y por el régimen de perturbaciones. Años ocasionales de precipitación muy elevada en primavera-verano o, inversamente, años excepcionalmente secos, ejercen una gran influencia en la producción de frutos y también en la mortalidad de plantas y animales que viven y dependen del encinar.

Los dos grandes tipos de perturbación (en su sentido ecológico) que afectan o han afectado a los encinares españoles son los aprovechamientos forestales y los incendios.

En la Sierra de Baza “solo a partir de mediados del S. XX se puede considerar que la alteración de los encinares ha comenzado a remitir” (OLMEDO COBO, J.A.).

Por las peculiaridades de la encina, que les permiten ocupar áreas de montaña con suelos rocosos, pedregosos o poco profundos, desfavorables para otros aprovechamientos, que condicionan su crecimiento arbóreo, la encina actúa de soporte y sujeción de suelos en lugares donde no pueden arraigar otras especies arbóreas.

Cuando los encinares están bien conservados, tienen un alto valor ecológico y paisajístico, al tiempo que contribuyen a la fijación de carbono, a la regulación del ciclo hidrológico y al control de la erosión. Asimismo, sustentan una relevante biodiversidad y posibilitan numerosas actividades de trascendencia económica: ganadería extensiva, obtención de leña, recolección de plantas útiles y hongos, caza, turismo de naturaleza, etc., por lo que se hace necesario evitar la pérdida o la degradación de este hábitat, como consecuencia de la afección generada por actividades antrópicas, para lo que se hace imprescindible mejorar el estado de la estructura y composición del hábitat.

Todo ello sin olvidar que, como destaca OLMO COBO J.A., de cara al futuro, considerando las condiciones xerofíticas reinantes en estos emplazamientos basales de la Sierra de Baza y los vaivenes climáticos -esencialmente las sequías periódicas que padece el sur y sureste ibérico- no parece que sea posible una favorable regeneración del encinar más que en enclaves locales de microambientes edáficos y climáticos favorables. Al efecto y para favorecer su expansión, es deseable que se sigan clareando las masas de pinares de reforestación, donde alcanzan una densidad de pies por hectárea muy alta, favoreciendo la recuperación natural de los encinares y de la orla vegetal acompañante, lo que redundará en un beneficio de la biodiversidad animal y vegetal. 

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