Curiosidades ecológicas:
El papel del lince ibérico como depredador apical
Texto: José Ángel Rodríguez. Fotografías: Juan Cubero Urbano

© Juan Cubero Urbano
El lince ibérico es una especie elegante y emblemática de los montes ibéricos.
PROYECTO SIERRA DE BAZA
01/04/2026
El lince ibérico (Lynx pardinus), es una emblemática especie de la fauna ibérica, de la que es endémica, de forma que solo puede encontrarse en España y Portugal, ha sido descrito como un felino de tamaño medio, con una masa corporal en torno a los 12,8 kg en los machos y 9,3 kg en las hembras, con la capa de su pelaje moteada, y adaptada al mimetismo entre la vegetación en que se mueve, que cuenta con una característica cola corta, de tan solo 8 a 15 cm., y unas orejas grandes y erguidas, también muy identificativas de la especie, que también aparecen dotadas de unos característicos pinceles de pelo negro, con la cara rodeada por pelos muy largos, formado unas grandes patillas terminadas en punta, que se desarrollan más con la edad del individuo.
Territorial y generalmente solitario, selecciona áreas de monte mediterráneo diversas con ecotonos, masas forestales, roquedos y pastizales donde esté presente el conejo de monte, el que llega a suponer el 90% de su dieta.
Aun cuando en el año 2002 la población de linces se encontraba en una situación dramática con tan solo unos 150 ejemplares en libertad, distribuidos en 5 núcleos, de los que solo dos se estimaba en aquellas fechas que eran poblaciones reproductoras -Doñana (30-35 ejemplares) y Andújar-Cardeña (unos 90-120 ejemplares)-, a los que cabría sumar algunos ejemplares que sobrevivían en lugares como los Montes de Toledo orientales, Sistema Central occidental y otras áreas de Sierra Morena, lo que suponía una presencia total de hembras reproductoras estimada para la especie de tan solo 25-35 (3-5 para el área de Doñana y 22-29 para el área de Andújar), en los años siguientes comenzaron a dar sus frutos los programas de cría en cautividad y hoy podemos hablar ya de una población entorno a los 2.500 ejemplares, lo que ha permitido que en la última actualización en su categoría de la Lista Roja de UICN de Especies Amenazadas el lince ibérico ha pasado de estar "En Peligro" a "Vulnerable", fruto de los esfuerzos de conservación, de los últimos años.
Depredadores apicales y mesodepredadores
© Juan Cubero Urbano
Silencio en sus movimientos, el lince siempre está atento a cuanto se mueve cerca él.
Un aspecto poco conocido del lince ibérico (Lynx pardinus), en el que vamos a profundizar en este artículo, es su papel como depredador apical, para control del equilibrio natural de los ecosistemas en que se localiza esta especie.
En biología se habla de dos tipos de depredadores fundamentales, los depredadores apicales y los mesodepredadores.
Los depredadores apicales (también llamados superdepredadores) son carnívoros que se sitúan en lo más alto de la cima de la cadena alimentaria, sin tener depredadores naturales. Ocupan este lugar, especies como el águila real, el tiburón blanco, la orca, el lobo o el león; todos ellos cruciales para regular ecosistemas.
Los mesodepredadores son carnívoros de tamaño medio (como es el caso del zorro, garduñas o incluso linces) que ocupan niveles tróficos inferiores y suelen ser controlados por los apicales.
Como características de los depredadores apicales (Apex Predators), se destaca la de que no tienen enemigos naturales, y tienen como principal función dentro de los ecosistemas naturales la de controlar la densidad de poblaciones de mesodepredadores y herbívoros, manteniendo el equilibrio y la salud del ecosistema.
Correlativamente y como característica principal de los mesodepredadores (Mesopredators), se señala la de que ocupan un nivel trófico medio, alimentándose de consumidores inferiores (roedores, reptiles, aves, pequeños herbívoros o incluso pequeños carnívoros).
El lince ibérico como depredador apical
© Juan Cubero Urbano
El pelaje moteado del lince ibérico está adaptado al camuflaje, para pasar lo mayor desapercibido ante sus presas.
Ya hemos visto, y comentado, unas líneas más arriba que en el conjunto de los ecosistemas el lince ibérico se considera un mesodepredador, al estar por encima de él especies como el lobo ibérico o el oso pardo, pero la situación se ve notoriamente alterada cuando en el territorio donde se localiza el lince ibérico no hay depredadores apicales natos (ni lobos ni osos), como ocurre en la generalidad de los territorios linceros de la Península Ibérica, en cuyo caso el lince pasa a ocupar la cúspide de la cadena trófica, convirtiéndose en un depredador apical, al no tener enemigos naturales dentro de ese ecosistema natural , pasando a convertirse en regulador de la abundancia de los mesodepredadores, lo que a su vez se traduce en un mayor aumento de las poblaciones de presas pequeñas, que no tiene depredadores que las eliminen y de la biodiversidad, en general.
Al efecto es de destacar que estudios científicos, como el llevado a cabo por Investigadores del Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos (IREC), la Estación Biológica de Doñana, la Fundación CBDHábitat y la Universidad de Oviedo, apoyado por la Junta de Extremadura y con la ayuda y participación del MITECO, han demostrado que la reintroducción y presencia del lince ibérico (Lynx pardinus) provoca una disminución en la abundancia de mesodepredadores como zorros (Vulpes vulpes) y meloncillos (Herpestes ichneumon), en sus áreas de influencia, lo que tiene su fundamento en la llamada “ecología de carnívoros”, donde el lince actúa como un súper predador que regula a los depredadores más pequeños, con repercusión en el resto del ecosistema, de modo que comienzan a abundar otras presas que eliminaban los mesodepredadores como conejos, roedores o aves como la perdiz, por citar algunos casos, lo que se traduce, a su vez, en un aumento de la biodiversidad, ya que al existir mayor disponibilidad alimenticia especies como las rapaces diurnas y nocturnas, comienzan a cazar y ocupar este territorio.
Recuperación del conejo y de la perdiz donde llega el lince
© Juan Cubero Urbano
Joven lince que ya deja ver toda su belleza y poderío.
En el estudio que venimos comentando del Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos (IREC), la Estación Biológica de Doñana, la Fundación CBDHábitat y la Universidad de Oviedo, se destaca como la presencia del lince en un territorio, genera efectos positivos en cascada en los niveles tróficos inferiores, es decir, en sus presas, el conejo y la perdiz roja. A pesar de que el lince consume conejos como principal presa, su presencia evita que un mayor número de otros carnívoros continúe alimentándose en esos territorios, reduciendo el número total de conejos y perdices depredados. En concreto, el estudio que comentamos demostró experimentalmente cómo tras la reintroducción del lince ibérico en el Valle de Matachel (Badajoz) se produjo una reducción de la abundancia de zorros y meloncillos de aproximadamente un 80%.
El establecimiento de un macho y una hembra de lince ibérico y de sus crías en un territorio concreto supuso, transcurridos dos años de la reintroducción, la desaparición, por abandono del área o por propia predación de los linces, de al menos 19 zorros, 11 meloncillos, 3 garduñas y 1 gato asilvestrado. Esta reducción de la abundancia de estos carnívoros provocó la recuperación del conejo y la perdiz roja en las zonas ocupadas por el lince. Todo ello supuso una reducción del 55,6% en el consumo de conejo por parte de toda la comunidad de carnívoros.
Interesante y positivos datos sobre la importancia del lince ibérico en los territorios donde se establece, al poder recuperarse la presencia de un depredador apical, que no existía antes de su llegada a ese lugar, controlando así de forma natural y biológica a los mesodepredadores del territorio, con el correlativo efecto en cascada que hemos comentado de aumento de la biodiversidad.
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