Cultivos de tomates y pimientos en invernaderos con malla mosquitera de baja tecnología
Por Agustín de Orduña

Vista aérea del invernadero de José Antonio Azor
PROYECTO SIERRA DE BAZA
01/07/2026
En las zonas cálidas del arco mediterráneo y de climas subtropicales secos, miles de pequeños agricultores están evolucionando del clásico invernadero de plástico sencillo hacia estructuras ventiladas equipadas con mallas mosquiteras. El cambio responde a tres presiones convergentes:
• Plagas cada vez más agresivas,
• Restricciones en el uso de fitosanitarios; y
• La necesidad de mantener costos de inversión bajos.
El resultado es un modelo híbrido —a medio camino entre el umbráculo y el invernadero— que permite producir tomate y pimiento con menos residuos químicos, mejor calidad visual y un riesgo fitosanitario más controlado, sin entrar en la complejidad ni en la factura energética de los invernaderos de alta tecnología.

Interior de uno de los módulos de cultivo de la explotación
¿Qué entendemos por “invernadero con malla mosquitera”?
El término “invernadero con malla mosquitera” abarca desde estructuras tipo túnel o parral cubiertas total o parcialmente por malla anti-insectos, hasta invernaderos de plástico con ventanas laterales y cenitales malladas que se abren para ventilar sin dejar pasar insectos como: moscas, pulgones o lepidópteros nocturnos. Los elementos que definen la categoría son:
• Barreras físicas continuas: malla tensada en todos los puntos de entrada de aire (bandas laterales, cumbreras, portones, lucernarios).
• Calibre de la malla (número de hilos por cm2) ajustado a la plaga objetivo. Valores típicos: 32-40 mesh para mosca blanca; 50-60 mesh para trips; combinaciones o dobles mallas cuando se busca exclusión casi total.
• Estructura ligera: postes de acero galvanizado, madera tratada o aluminio económico; cargas de viento moderadas.
• Cobertura combinada: plástico en techo para ganar precocidad térmica + malla en laterales para ventilación segura o malla integral en climas muy calurosos donde el plástico elevaría demasiado la temperatura.
Los trips son plagas comunes en invernaderos, caracterizadas por su pequeño tamaño y color variable (amarillo, marrón o negro). Estos insectos se alimentan perforando las células de las plantas y succionando su contenido.
En la práctica, muchos productores alternan plástico (invierno-primavera) y malla (final de primavera-verano) para equilibrar temperatura, presión de insectos y costos de reposición.

Racimo de tomate pera en fase de crecimiento
Control de plagas: la gran ventaja
La razón principal para instalar mallas mosquiteras es excluir insectos portadores de virus y reducir el uso de insecticidas de amplio espectro. Entre las plagas clave:
• Trips (Frankliniella occidentalis): Mosca blanca (Bemisia tabaci, Trialeurodes vaporariorum):
• Pulgones:
• Lepidópteros nocturnos
Buenas prácticas de bioexclusión:
1. Doble puerta tipo esclusa con cortina interna autocierre.
2. Zócalos sellados: evitar huecos entre malla y suelo.
3. Puntos de paso de tuberías y cables espumados o sellados.
4. Manejo perimetral: bandas libres de maleza que sirva de reservorio de plagas.
5. Monitoreo con placas cromáticas dentro y fuera para evaluar presión externa e integridad de barreras.
Al reducir las entradas de insectos, muchos agricultores han logrado disminuir entre un 30 y un 70 % las aplicaciones de insecticidas y mejorar la eficacia del control biológico mediante insectos auxiliares que actúan como depredadores naturales de las plagas.

Las instalaciones requieren una atención permanente
Impacto en rendimiento y calidad
El rendimiento de tomate y pimiento en estructuras malladas depende del balance entre microclima y sanidad. Algunos patrones de campo que se observan con frecuencia:
• Tomate de ciclo otoño-invierno (con techo plástico + laterales mallados): adelanto de cosecha respecto a cultivo a cielo abierto y rendimientos cercanos a los de invernadero plástico sencillo, siempre que la ventilación sea adecuada. En veranos muy calurosos, el sombreo de la malla puede reducir ligeramente la producción total pero mejora el color y reduce el rajado.
• Pimiento dulce temprano: menor incidencia de trips y virosis, más plantas productivas, calibres más uniformes; en muchos casos la mejora de calidad compensa cualquier descenso moderado de kilos.
• Residuos de fitosanitarios más bajos: facilita cumplir con LMR (limite máximo de residuos) estrictos en exportación.
Cuando la estructura se diseña con ventilación insuficiente, se observan cuajados irregulares (por altas temperaturas), mayor caída de flor en pimiento y brotes de enfermedades fúngicas por humedad. Por ello, el dimensionamiento de ventanas y la elección del mesh no pueden separarse.

Proceso de selección y clasificación de tomates en las instalaciones de «El Azor».
Riego y fertiirrigación bajo malla
La reducción de radiación directa y de velocidad del viento suele traducirse en evapotranspiración algo menor que en campo abierto o en un invernadero plástico muy ventilado. Consecuencias prácticas:
1. Programar riegos más cortos y frecuentes en sustratos inertes; en suelo, usar tensiómetros o sondas capacitivas.
2. Fertirrigación nocturna o en primeras horas para mejorar absorción y reducir pérdidas por evaporación.
3. Instalar líneas de riego de emergencia para pulsos de enfriamiento en olas de calor.

Abejorro polinizando la flor del tomate.
Polinización y manejo floral
La malla impide la entrada libre de polinizadores naturales. En tomate de mesa y especialidades tipo rama o suelto, los productores recurren a:
• Colmenas de abejorros (Bombus spp.) dentro del invernadero; se requiere malla interna que permita su movimiento local, pero evite fugas masivas.
• Vibradores eléctricos / varillas de flor: alternativa de bajo coste donde no se usan abejorros.
• Control de temperatura y humedad para favorecer la viabilidad del polen (óptimo ~22–26 °C, HR 60–70 % aprox.).
En pimiento, la polinización es principalmente autógama/anemófila, pero el movimiento de aire reducido por la malla puede justificar sacudidas mecánicas suaves o ventiladores intermitentes.

Tomate en fase de maduración dentro de uno de los invernaderos de la explotación.
Calidad postcosecha y trazabilidad
Menor daño por insectos y menos residuos químicos suelen traducirse en:
• Frutos con piel intacta, menos cicatrices y mejor presentación en calibres premium.
• Menor descarte en centrales de confección.
• Mayor vida de estante cuando se reduce la incidencia de virosis que adelgazan cutícula y predisponen a pudriciones.
Para mercados exigentes, hay que documentar fecha de instalación de la malla, densidad, reparaciones y protocolos de limpieza.

José Antonio Azor junto a parte del equipo humano de la empresa frente a las instalaciones de manipulado y comercialización.
José Antonio Azor: de los cultivos tradicionales al pionero de los invernaderos en la comarca
La agricultura forma parte de la vida de José Antonio Azor desde su infancia. Sus padres ya cultivaban tomates y pimientos a pequeña escala para el consumo familiar, una actividad que despertó en él una temprana vocación por el campo.
Sus primeros pasos en el sector los dio junto a su mujer trabajando en una gran explotación agrícola dedicada al cultivo de lechugas. Allí aprendieron las labores de plantación y recolección y conocieron de primera mano el funcionamiento de una agricultura más especializada.
Impulsado por ese interés, se trasladó a Almería para cursar estudios de Ingeniería Agrónoma. Permaneció allí durante dos años, aunque finalmente decidió regresar sin concluir la carrera. La distancia de su novia, con la que más tarde compartiría su proyecto de vida y trabajo, fue determinante en aquella decisión.
De vuelta a la comarca, trabajó por cuenta ajena en una finca de Rejano dedicada al cultivo del tomate. Fue entonces cuando surgió una idea que cambiaría su futuro. «Si tengo tierra y tengo un pozo de agua, ¿por qué no voy a cultivar para mí mismo?», recuerda.
Con esa convicción inició su propia explotación agrícola en 1998, siguiendo los métodos tradicionales que se utilizaban entonces en la zona. Durante aquellos primeros años contó con la ayuda y el asesoramiento de José Luis Mateos, ingeniero de la Oficina Comarcal Agraria de Baza, cuyo apoyo fue fundamental para consolidar el proyecto.
Los comienzos estuvieron marcados por el sacrificio. Las primeras cosechas las cargaba en un Ford Escort con remolque y recorría cientos de kilómetros hasta Elche para vender directamente sus productos. Cada viaje suponía una apuesta por un sueño que poco a poco iba tomando forma.
El gran salto llegó en 2004 con la instalación de la primera estructura de malla o invernadero. Aquella iniciativa fue pionera en la comarca y abrió el camino a una nueva forma de producir tomates y pimientos. Ese mismo año adquirió un camión propio y creó la marca comercial «Azor», una identidad que todavía hoy acompaña a sus productos y que se ha convertido en sinónimo de calidad y profesionalidad.

Logotipo de la marca AZOR, creada en 2004.
A medida que la producción aumentaba, también lo hacían los mercados. Los tomates y pimientos de Azor comenzaron a llegar a Madrid y a diferentes puntos del Levante español, consolidando una empresa agrícola nacida del esfuerzo familiar y del conocimiento adquirido durante años de trabajo.
Actualmente la explotación "El Azor", situada en las inmediaciones del Parque Natural Sierra de Baza, cuenta con una superficie aproximada de 1,8 hectáreas distribuidas en cuatro módulos de cultivo. Las instalaciones están formadas por estructuras tipo parral reforzado de 4,5 metros de altura.
La explotación dispone además de mallas laterales anti-trips de alta densidad y sistemas enrollables. En ella se cultivan variedades tradicionales y comerciales de tomate, como el Rosa del terreno y el tomate pera, así como diferentes tipos de pimiento, entre ellos el italiano, amarillo, castellano o choricero y Lamuyo, tanto rojo como verde.

La cuidadosa selección de los tomates permite ofrecer un producto homogéneo y de alta calidad destinado a los mercados nacionales.
Los resultados obtenidos durante las últimas campañas reflejan las ventajas de este modelo productivo. La utilización de barreras físicas frente a las plagas ha permitido reducir de forma notable el empleo de insecticidas, al tiempo que ha mejorado la calidad comercial de la producción, incrementando el porcentaje de frutos de primera categoría y manteniendo unos costes energéticos muy reducidos al no necesitar sistemas de calefacción.
José Antonio Azor considera que la agricultura de la comarca vive actualmente una nueva etapa de crecimiento gracias a la incorporación de jóvenes agricultores que se han formado en Almería y regresan para poner en marcha sus propios proyectos o integrarse en explotaciones ya existentes. Con orgullo recuerda que fue el primero en implantar un invernadero de estas características en la zona, un modelo que posteriormente se ha extendido a municipios vecinos como Zújar, Caniles y Cortes de Baza.
Su historia es un ejemplo de cómo la experiencia, la innovación y la constancia pueden transformar una explotación familiar, en una empresa agrícola moderna, capaz de competir en los mercados nacionales sin perder el vínculo con la tierra que la vio nacer.
Nuestro agradecimiento a José Antonio Azor por abrirnos las puertas de su finca y compartir con nosotros su trayectoria profesional. Su colaboración y la información facilitada han sido fundamentales para conocer de primera mano la evolución de un proyecto agrícola pionero en nuestra comarca.

Agustín de Orduña
Para Proyecto Sierra de Baza.
- Creado el .
