Etnobotánica de la Sierra de Baza:
Malvavisco (Althaea officinalis)

© José Ángel Rodríguez
Malvavisco junto a un arroyo en su hábitat natural entre la vegetación herbácea propia de zonas encharcadas.
PROYECTO SIERRA DE BAZA
01/10/2026
Con el nombre de malvavisco, se conoce una planta herbácea, perenne, de la familia Malvaceae, la misma que la de las populares malvas, sus tallos, que puede alcanzar hasta un metro y medio de altura, son simples o, generalmente múltiples, redondos y fuertes, renovable anualmente por lo que se considera una planta vivaz.
Originaria de Eurasia donde tan solo está ausente en el extremo septentrional, también se encuentra en el norte de África, si bien en la actualidad su área de distribución se encuentra muy extendida, ya que, por sus cualidades naturales y medicinales, a las que vamos también a referirnos, ha sido objeto de un amplio cultivo y naturalización en muchas regiones. De modo natural crece en zonas húmedas, incluso pantanosa y encharcadas, por debajo de los 1.500 metros de altitud y hasta el nivel del mar.
Sus flores, muy bonitas y atractivas, son de color blanco o ligeramente rosadas, son axilares con un corto pedúnculo. Pueden darse solitarias, pero normalmente aparecen en fascículos axilares. Cuenta con cinco pétalos, de hasta 2 centímetros de ancho, que están unidos a un tubo estaminal cilíndrico, el androceo, que tiene los estambres ramificados, muy vistosos pues las anteras son de color violeta o purpúreas, que dan lugar a un fruto con una sola semilla.
Sus hojas son grandes y muy características de la especie, pudiendo alcanzar los 10 centímetros, de aspecto triangular y aterciopeladas.
Usos etnobotánicos
© Agustín Orduña
Detalle de la flor del malvavisco.
Esta planta es conocida y aprovechada por el hombre con fines medicinales y curativos desde la antigüedad, de hecho, su nombre científico Althaea, proviene del griego (altho), que significa sanar o curar, en alusión a sus propiedades naturales. Así Pío Font Quer en su obra “Plantas medicinales. El Dioscórides renovado”, destaca que el uso terapéutico del malvavisco arranca por lo menos de Dioscórides y señala como hasta principios del siglo XX se ha usado mucho como emoliente el ungüento de althea, lo que pasó a estar casi en desuso total y comenta una curiosa aplicación de esta planta: “bien lavada la raíz se daba a los niños de teta para mascarla durante la dentición”, puntualizando que “es practica que si no va acompañada de una gran limpieza debe desaconsejarse”.
La parte más aprovechada y conocida de esta planta es la raíz, la que es gruesa, y va adquiriendo mayor tamaño con la edad. Es rica en almidón, y posee un distintivo gusto dulzón causado por la fuerte concentración de polisacáridos; contiene además pectina y varios flavonoides. Tradicionalmente se ha utilizado como alivio para la irritación de las membranas mucosas incluido el uso como gárgaras para tratar pequeñas heridas e inflamaciones de la boca y de la garganta. Pío Font Quer cuenta que la tisana de raíz se prepara sin que el agua llegue a hervir, a un calor muy suave, que pueda soportar la mano del que opera. La raíz se corta a pedazos y se deja en maderación tres o cuatro horas y se deja enfriar para poder tomarla. Se sirve con azúcar o con miel y se prepara con una onza de raíz por cada litro de agua.
También se utiliza el malvavisco en jardinería, como planta ornamental, dada su rusticidad y belleza, requiriendo para su buen desarrollo un suelo con humedad, que sea abundantemente regado, en una exposición soleada. Se adapta a diferentes tipos de suelo, aunque prefiere aquellos que sean ricos en materia orgánica y ligeramente alcalinos.
Culinariamente, también ha sido utilizada esta interesante planta, de modo que sus hojas tiernas, bien lavadas para eliminarle la pilosidad que presentan, se pueden hervir y cocinar para preparar platos con usos similares a los de la acelga. Las hojas crudas no suelen ser comidas debido a su fibrosidad y pilosidad. Los botones florales también se han aprovechado en época de hambruna, para lo que se pueden encurtir y las raíces tras pelarse y limpiarse de tierra se pueden cortar en rodajas, hervir y endulzar para hacer con ellas dulces, los populares pasteles de malvavisco, los que se estiman que además de muy exquisitos y aromáticos tienen propiedades medicinales.
Una planta muy interesante y bonita de nuestra flora natural la que damos a conocer este mes.
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