El Humedal del Baíco como fósil viviente del prehistórico lago de Baza, en el sur de España
Por José Ángel Rodríguez1, Bienvenido Martínez-Navarro2 & Paul Palmqvist3
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Reconstrucción del aspecto que pudo tener el humedal de Venta Micena en la cuenca de Baza (Granada) hace más de un millón y medio de años. Se aprecian las aves identificadas en este yacimiento, el tarro blanco (Tadorna tadorna), en primer plano a la izquierda; la grulla gigante (Grus cf. primigenia), en primer plano a la derecha, y el cuervo (Corvus corax antecorax), volando junto a la hiena gigante hipercarroñera (Pachycrocuta brevirostris). Al fondo se distinguen dos elefantes (Mammuthus meridionalis) y un grupo de caballos (Equus altidens).
Escena dibujada por Óscar Sanisidro.
Un nuevo estudio, de carácter multidisciplinar, liderado por los Profesores Francisco Serrano y Paul Palmqvist, de la Universidad de Málaga, en el que también han participado otros investigadores de esta institución (Patrocinio Espigares Ortiz, Sergio Ros Montoya, Antonio Guerra Merchán, José Manuel García Aguilar y Javier C. Terol) y han colaborado igualmente profesores de las universidades de Sevilla (Guillermo Rodríguez-Gómez), Alcalá (Óscar Sanisidro), Complutense de Madrid (Isidoro Campaña), de la Subdelegación del Gobierno en Almería (Alejandro Granados) y del ICREA e Instituto de Paleoecología Humana-IPHES de Tarragona (Bienvenido Martínez-Navarro), ha aportado claves muy interesantes sobre los ambientes y la fauna del sur de Andalucía hace más de un millón de años.
En este estudio, tras describir los actuales paisajes semidesérticos de la depresión de Guadix-Baza, en el altiplano granadino, de los que se destaca su belleza agreste, siendo conocidos como "badlands" (tierras baldías) y “cárcavas”, los cuales están escasamente poblados por la vegetación, en la que dominan las especies endémicas adaptadas a sobrevivir en unas condiciones muy limitantes para la flora en general, teniendo que adaptarse a unos suelos predominante salinos y gipsícolas en los que se ven obligados a soportar periodos secos prolongados, con lluvias irregulares y temperaturas en ocasiones muy fluctuantes entre el día y la noche, con considerable contraste entre las distintas estaciones, para lo que las plantas de estos enclaves poseen unos peculiares mecanismos de adaptaciones estructurales y fisiológicas que les permiten tolerar las adversas condiciones del medio: estrés hídrico, temperaturas extremas, salinidad y déficit de nutrientes1.
Un panorama que contrasta con el paisaje que había en esta región de la actual depresión de Guadix-Baza, la que si bien en un principio estaba conectada con el mar, como cuenca sedimentaria individualizada, hubo un momento de la historia de la tierra en que esta cuenca quedó aislada del mar y se rellenó con una sucesión de sedimentos continentales, de más de 500 metros de espesor, que se inicia con aportes del Turoliense superior (hace unos 7 Ma) y continúa hasta el Pleistoceno superior (hace unos 100.000 años), de modo que estudios paleontológicos y paleoecológicos, entre otros, han permitido hacer reconstrucciones paleoambientales de estas cuencas, estimándose que el paisaje que se desarrolló en las hoyas de Guadix y Baza tuvo que ser parecido a las actuales sabanas africanas2.
Un lago endorreico de más de 1000 km2
Actual paisaje de badlands y cárcavas en la depresión de Guadix-Baza (Granada).
La extensa cuenca de Baza fue ocupada por un amplio lago endorreico, que se alimentaba con todos los ríos que evacuaban a esta cuenca, principalmente por las aguas de un sistema fluvial procedente de la cuenca de Guadix, que traía agua desde Sierra Nevada, por las aguas procedentes de las sierras de Castril y Baza, en la propia cuenca de Baza, y por las emanaciones de abundantes manantiales hidrotermales que aquí se localizaban, los que aportaban aguas cálidas y sales al gran lago.
Este gran lago, que se extendía desde la llamada Cuesta del Francés, donde se encuentra el yacimiento de Baza-1, en la zona del Barranco de las Seguidillas, en las proximidades de la actual ciudad de Baza, hasta la pedanía de Venta Micena en Orce, donde se encuentra el yacimiento del mismo nombre, tenía una superficie estimada de más de 1000 km2. A su alrededor creció una importante cobertura vegetal, propiciada por la humedad edáfica del entorno, de manera que el lago y su ecosistema más próximo eran una fuente importante de alimento y agua para todos los seres vivos que habitaban en estos parajes, y dependían de este lugar, destacando el estudio referenciado el importante número de aves, adaptadas a los medios acuáticos, que habitaron durante la época pleistocena, cuando las precipitaciones triplicaban las actuales.
En el entorno de este inmenso humedal, que debió ser un auténtico vergel, se desenvolvía una fauna diversa de grandes mamíferos, que recuerda a los ecosistemas modernos del África subtropical. Así, por el altiplano granadino deambulaban animales exóticos, como grandes elefantes, hipopótamos que doblaban en masa corporal a los actuales y muchos otros herbívoros, juntamente con los carnívoros que depredaban sobre ellos, en particular los félidos con dientes de sable y las grandes hienas carroñeras, del tamaño de una leona moderna. A esta fauna, bien conocida a partir de las excavaciones en los yacimientos paleontológicos de Orce, el caso de Venta Micena, Fuente Nueva-3 y Barranco León, se le sumarían los primeros humanos que habitaron en Europa occidental, cuya presencia quedó documentada desde hace casi 1 millón y medio de años en los dos últimos yacimientos a partir de industrias líticas (piedras talladas), marcas de su actividad con ellas sobre los huesos y, en el caso de Barranco León, por la localización de un diente de leche humano.
Nuevos estudios amplían el elenco de aves presentes en este lugar
Algunos de los fósiles de aves estudiados del yacimiento paleontológico del Pleistoceno inferior de Venta Micena. A: húmero distal de cuervo, en vista craneal. B: húmero distal de tarro blanco, en vista craneal. C: fragmento de pelvis con el acetábulo de un ave indeterminada, en vista lateral, en el cual se aprecian evidencias de abrasión por digestión (indica que fue tragado por un carnívoro). D: falange del pie de un ave indeterminada, en vista dorsal, con marcas de digestión. E: ulna de grulla gigante, en vista dorsal.
Ahora, este nuevo estudio de las decenas de miles de fósiles exhumados en Venta Micena tras décadas de excavaciones, depositados en el Museo Arqueológico de Granada, ha revelado la existencia en la colección de 18 restos atribuibles a aves, siete de ellos conservados con suficiente integridad anatómica como para ser asignados a especies concretas. Así, a partir de estos huesecillos fragmentarios se ha podido poner de manifiesto la existencia de tres especies de aves diferentes, cada una de las cuales aporta una información muy valiosa sobre los ambientes del humedal e incluso sobre la ecología de la comunidad de animales que habitaba en ellos.
La primera es un pato, el tarro blanco, cuyo nombre científico es Tadorna tadorna. Actualmente se le ha visto invernando ocasionalmente en El Baíco, un pequeño humedal situado entre las ciudades de Baza y Benamaurel, pero su hallazgo en el yacimiento de Venta Micena, cuyos restos se acumularon durante la estación estival, sugiere que hace un millón y medio de años esta especie se reproducía también en la cuenca de Baza. Por otro lado, el tarro blanco se alimenta de pequeños invertebrados, como los caracoles del género Hydrobia, bien documentados en los yacimientos orcenses. Estos caracoles viven en aguas de salinidad variable, por lo que la presencia del pato indica que en las inmediaciones del gran lago de Baza habría charcas sujetas a una intensa evaporación, en las que aumentaría la salinidad.

Tarro blanco, pato cuyo nombre científico es Tadorna tadorna. Se trata de una especie invernante hoy día en la cuenca de Baza, pero hace un millón y medio de años pasaba allí todo el año, reproduciéndose en el humedal.
La segunda especie es una grulla, de mayor tamaño que la grulla común actual, Grus grus. La especie, asignada preliminarmente a Grus cf. primigenia, representaría el registro más antiguo conocido hasta el momento en Europa de las grullas gigantes del Pleistoceno. La anchura del hueso fósil del antebrazo identificado es mayor que en la grulla actual, lo que sugiere que este animal era más pesado. Las grullas son aves omnívoras típicamente asociadas con ríos y humedales, por lo que su presencia en el gran lago de Baza no resulta insólita. De hecho, la grulla sigue siendo una especie invernante en la Hoya de Baza, como se puso de manifiesto en el reportaje publicado en el año 2015, con el título de la “La invernada de la grulla común en la Hoya de Baza (Granada)”, y al que puede accederse pulsando AQUÍ, por lo que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que generaciones ancestrales de grullas llevan visitando los actuales terrenos de la Hoya de Baza desde hace miles de años y, además, en el pasado también se reproducían en esta comarca (lo sabemos porque los restos esqueléticos conservados en el yacimiento de Venta Micena fueron acumulados por las hienas durante la estación estival, lo que indica que las tres aves identificadas era residentes todo el año).

Grullas fotografías en las inmediaciones del Humedal del Baíco (Baza) en enero-2015.
Finalmente, la tercera especie identificada en Venta Micena es un cuervo, concretamente la subespecie Corvus corax antecorax. Nuevamente, se trata del registro más antiguo de estos animales en la península Ibérica, tratándose de otra especie que también ha seguido visitando estos territorios a lo largo de los miles de años, manteniéndose su presencia estable en esta cuenca a lo largo del tiempo.

Cuervos moviéndose por el actual paisaje estepario de la cuenca de Baza.
El cuervo, un carroñero con incidencias en la disponibilidad alimenticia del resto de la fauna
Distribución de los recursos cárnicos entre los consumidores secundarios de la comunidad fósil de Venta Micena. El diagrama de tarta de la izquierda muestra las estimaciones porcentuales de la carne consumida por los depredadores y carroñeros terrestres; a la derecha se muestran dichos consumos tras introducir al cuervo como un carroñero más, lo que hace disminuir la proporción de recursos aprovechados por las otras especies.
El interés de la presencia del cuervo en este estudio radica en el papel que desempeñó en los ecosistemas del Pleistoceno, ya que habría consumido una porción apreciable de la carne disponible para los depredadores y carroñeros de la paleocomunidad. Concretamente, el uso de un modelo que permite cuantificar la disponibilidad de carne en el ecosistema y su aprovechamiento por los consumidores secundarios permitió estimar cuántos recursos consumiría cada carnívoro terrestre de Venta Micena. Ahora bien, en dicho modelo no se tuvo en cuenta inicialmente a los cuervos, los cuales se ha comprobado en estudios modernos que son capaces de robarles buena parte de la carne de sus presas a los lobos (un estudio reveló que pueden consumir hasta 300 kg de la carne del cadáver de un alce). Al incluir en el modelo al cuervo como una especie carroñera más, se comprobó que la cantidad de carne que podría consumir cada carnívoro terrestre disminuía en torno a un 15%, razón por la que estas aves carroñeras habrían jugado un papel muy relevante en el ecosistema, dato que había pasado desapercibido hasta ahora.
Es mucho lo que ya sabemos sobre la fauna pretérita de grandes mamíferos gracias a los yacimientos orcenses, que son uno de los grandes recursos patrimoniales que atesora el Geoparque de Granada. Ahora bien, hasta ahora no conocíamos prácticamente nada de las aves que debieron habitar también en estos extensos humedales. La razón es sencilla: A diferencia de los huesos y dientes de los mamíferos, los huesos de la mayoría de las aves son pequeños, con una cortical muy fina y, además, están neumatizados (son huecos). Esto los aligera para el vuelo, pero los hace menos resistentes a las agresiones externas. Además, las aves carecen de dientes, que son los elementos más mineralizados y, por eso, más perdurables como fósiles. Por ello, en el yacimiento, donde hienas capaces de fracturar hasta los huesos de un gran elefante fueron quienes acumularon los restos esqueléticos, la conservación de las aves resulta anecdótica, no habiéndose documentado hasta el momento sus fósiles.
Los vestigios geológicos de un lago que se resiste a desaparecer

Humedal del Baíco en la cuenca de Baza durante la primavera de 2010. Se trata de una pequeña laguna, muy amenazada, que aunque cubre menos de un kilómetro cuadrado de extensión superficial, reúne a más de 50 especies de aves los años lluviosos. Se aprecian una pareja de cigüeñuelas comunes a la izquierda, una garceta común en el centro y tres garcillas bueyeras a la derecha.
En el trabajo se han aportado claves muy interesantes sobre los ambientes y la fauna del sur de España hace más de un millón de años. Son precisamente este tipo de investigaciones sobre el patrimonio paleontológico, en su doble vertiente de patrimonio natural e histórico, las que permiten ponerlo en valor. Con ello se pasa de la idea más o menos inmediata de que los fósiles son objetos patrimoniales que se deben conservar a la de que son los conocimientos que genera su estudio los que verdaderamente dan valor a este patrimonio. A fin de cuentas, las explicaciones pueden ser tanto o más interesantes que la belleza o el interés que lleguen a despertar los fósiles en sí mismos, lo que debe contribuir a la puesta en valor de los yacimientos paleontológicos que los albergan y el Geoparque en el que se ubican, de modo que debe de ser un reto en su gestión el recuperar y conservar los actuales vestigios de este gran lago prehistórico, del que los actuales terrenos del Humedal del Baíco en Baza siguen siendo su más inmediato referente actual. De este modo, los trabajos de campo llevados a cabo en estos lugares a lo largo de los últimos años por la Asociación Proyecto Sierra de Baza, han permitido conocer la dinámica natural de estas lagunas esteparias y su evolución a lo largo del año, siendo de destacar como la vitalidad de estos lugares es tal que incluso en años muy secos, como fue el invierno de 2011, el invierno-primavera de 2012, o la primavera del año 2015, se han seguido formando estas lagunas salinas de forma natural, con acumulación de más de un metro de agua de altura, en algunos lugares, en la etapa húmeda o de inundación de las lagunas, aun cuando eran irregularmente drenadas para su vertido al río de Baza, localizado a poniente de este paraje. Por lo que se hace prioritario, desde el punto de vista de una gestión sostenible, no solo mantener el equilibrio hidrodinámico de estas lagunas esteparias, como prístino vestigio del gran lago prehistórico de Baza, sino revitalizar estas lagunas salobres y ponerlas en valor, dada su importancia geológica, botánica, biológica y también paleontológica, para lo que es una posibilidad efectiva y realista de poner en valor estos lugares, su potencialidad, singularidad y valor de estos ecosistemas, con valores científicos y didácticos, también geoturísticos, paisajísticos, recreativos, ornitológicos y fotográficos.
Una catalogación que no le reconoce una efectiva protección
Terrenos inundables del Humedal del Baíco en su situación actual, con la mole caliza del Jabalcón de fondo.
El Humedal del Baíco, en Baza (Granada), se encuentra incluido en el Inventario de Humedales de Andalucía (IAH) por resolución de 10 de agosto de 2018, de la Dirección General de Gestión del Medio Natural y Espacios Protegidos, por la que se incluyen en el Inventario de Humedales de Andalucía determinadas zonas húmedas de Andalucía entre los que están los Humedales de Baza, de los que forman parte los terrenos del Humedal del Baíco (BOJA nº 159, 17/08/2018); como también están incluidos sus terrenos en el Inventario Español de Zonas Húmedas (IEZH) por Resolución de 6 de septiembre de 2022, de la Dirección General de Biodiversidad, Bosques y Desertificación, por la que se incluyen en el Inventario Español de Zonas Húmedas 30 nuevos humedales de la Comunidad Autónoma de Andalucía entre los que están los Humedales de Baza, que incluye los terrenos del Humedal del Baíco (BOE Núm. 224 de 17 de septiembre de 2022). Todo ello en reconocimiento de las singularidades y valores de este humedal, aun cuando esta catalogación no le reconoce efectiva protección, lo que viene propiciando el drenaje de sus aguas por algunos propietarios de terrenos de su perímetro, impidiendo la acumulación natural de agua que en otro caso se formaría, rompiendo el equilibrio hídrico, al tiempo que se pone en peligro la biodiversidad de este paraje.
El Baíco es una laguna semiendorreica, oligosalina (~2,5 g/l), situada a una elevación de 700 m sobre el nivel del mar, entre las ciudades de Baza y Benamaurel. Alimentado por una surgencia de aguas termales, muestra una lámina de agua somera y relativamente estable a lo largo de todo el año, colonizada por vegetación típicamente halofílica (puede ampliarse información sobre este humedal pulsando AQUÍ).
La extensión actual de este humedal es muy reducida, tan solo ~0,7 km2, aunque a comienzos del siglo XIX probablemente oscilaba entre 2 y 5 km2. A partir de la década de los sesenta del siglo pasado, la laguna se ha intentado desecar artificialmente mediante canales, localmente conocidos por ‘sangradores’, que descargan al río de Baza un caudal de ~1,000 l/s. Incluso se ha intentado nivelar la laguna con sedimentos de las colinas circundantes, a efectos de aprovechar el terreno para usos agrícolas, razón por la que el humedal solo se recupera de forma natural durante los años más lluviosos, siendo la mayor parte de su superficie un criptohumedal (esto es, un lugar donde la lámina de agua está muy limitada en superficie y temporalmente, aunque se encuentra a muy poca profundidad en el subsuelo). Por ello, la amplia diversidad de aves que visitan el humedal hoy día, más de cincuenta especies, debe representar apenas un vestigio de la ornitofauna que habitó el extenso lago de Baza-Orce durante el Pleistoceno inferior, cuyas dimensiones (en torno a 1100 km2) serían unas mil veces superiores a las del Baíco.

Detalle de una de las múltiples zanjas de drenaje que hay en el paraje del Humedal del Baíco en la actualidad, en cuyo entorno se mueven las aves acuáticas y limícolas. En la escena, tomada el 14/09/2019, son apreciables, junto a las garcillas bueyeras, dos garzas reales semicamufladas junto a la zanja de drenaje, a la caza de anfibios.
El Baíco se trata de un hábitat crucial para muchas especies, especialmente aves migratorias como cigüeñuelas, flamencos, grullas o tarros blancos, unas aves que los recientes estudios paleontológicos llevados a cabo en la cuenca de Baza han puesto de manifiesto que ya visitaban el gran lago que entonces existía aquí hace miles de años, incluso reproduciéndose en sus inmediaciones, por lo que los autores de este reportaje hacemos una llamada de atención a los responsables públicos con competencia en este tema, para que desarrollen las actuaciones precisas para que no se pierdan los vestigios geológicos del gran lago de Baza.
Referencia del artículo, publicado en acceso abierto:
Francisco J. Serrano, M. Patrocinio Espigares, Guillermo Rodríguez-Gómez, Bienvenido Martínez-Navarro, Sergio Ros-Montoya, Javier C. Terol, Óscar Sanisidro, Antonio Guerra-Merchán, José Manuel García-Aguilar, Isidoro Campaña, Alejandro Granados & Paul Palmqvist (2026). Avian remains from Venta Micena (Baza Basin, Granada Geopark) shed light on the Early Pleistocene wetland environments and trophic dynamics of the Southern Iberian Peninsula. Swiss Journal of Palaeontology 145: 597–623. https://doi.org/10.3897/sjp.145.182523.
Puede consultarse pulsando AQUÍ.
Citas bibliográficas:
1 “Altiplano estepario. Ambiente semiárido del sureste andaluz”. Dir. M. Simón Mata. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía, 2010).
2. “Guía geológica del Geoparque de Granada”. F. J. García Tortosa. Geoparque de Granada, 2022.
1. José Ángel Rodríguez Sánchez
Presidente de la Asoc. Proyecto Sierra de Baza
Fotógrafo de naturaleza.
2. Dr. Bienvenido Martínez-Navarro. Profesor de Investigación ICREA adscrito al Instituto de Paleoecología Humana y Evolución Social, y a la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.
3. Dr. Paul Palmqvist. Catedrático de Paleontología. Departamento de Ecología & Geología
Facultad de Ciencias, Universidad de Málaga.

