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Edición Mensual - Año XXVII | Nº 296 - Febrero 2024

SECCIONES

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 Hábitats de Interés Comunitario del Parque Natural Sierra de Baza y su entorno (XXIII)

Coscojares mesomediterráneos de Quercus coccifera


Código de la Unión Europea: 5330_7

Por José Ángel Rodríguez

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© José Ángel Rodríguez
Integran este hábitat de interés comunitario (HIC), matorrales dominados por la coscoja (Quercus coccifera) propios de ambientes mesomediterráneos con ombroclima seco.

PROYECTO  SIERRA DE BAZA
01/03/2023 

Los coscojares o coscojales, como también se les denomina, constituyen matorrales altos, dominados por coscojas (Quercus coccifera) y otros arbustos perennifolios, con presencia frecuente de especies arbóreas en estados arbustivos. 

Esta comunidad arbustiva, al igual que los retamares termófilos mediterráneo, las formaciones retamoides y escobonales sin retamas (los llamados aulagares y escobonales) o los tomillares termófilos, de todos los que ya nos hemos ocupado, está incluida como subtipo de los llamados Matorrales áridos y semiáridos (Matorrales termomediterráneos y pre-estépicos). Hábitat que ha sido calificado como “uno de los más complejos de España dada su amplia distribución, que incluso alcanza en su definición oficial la región Macaronésica, y la gran diversidad de especies que lo caracterizan”, tal y como se destaca en las “Bases ecológicas preliminares para la conservación de los tipos de hábitat de interés comunitario en España”, que tiene editada la Dirección General de Medio Natural. Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino. 

A grandes rasgos, los coscojares se interpretan como matorrales de sustitución de formaciones forestales más evolucionadas (sobre todo de encinares, alcornocales y acebuchales).No obstante, algunas formaciones de coscojares termófilos son consideradas comunidades edafoxerófilas de carácter permanente y con su propia sustantividad. 

Distribución de este hábitat a nivel comunitario andaluz

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Mapa de distribución de este HIC a nivel comunitario andaluz. 

Según la publicación “Guía de Identificación de Hábitats de Interés Comunitario de Andalucía” (Junta de Andalucía. Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible. Secretaria General de Medio Ambiente, Agua y Cambio Climático, 2020), este HIC a nivel de la comunidad autónoma andaluza, se puede encontrar en la mayor parte de los sistemas serranos de la región. No se presenta en el valle del Guadalquivir.

En el concreto caso de la Sierra de Baza, la coscoja solo se asienta en puntuales enclaves de la depresión dela Sierra de Baza en contacto con los Llanos del Baúl y el Cerro de Los Guardas, y principalmente en la cara sur, en las vertientes meridionales más termófilas, donde reinan condiciones semiáridas incipientes y particularmente en determinados enclaves del extremos suroriental (zona de Charches), como Las Amoladeras, La Caserilla y Cerro de los Lobos, donde la coscoja (Quercus coccifera) reemplaza progresivamente a la encina (Quercus rotundifolia = Quercus ilex subsp. ballota), que puede mostrarse mezclada con las coscojas en pies aislados de porte achaparrado “presentando los rodales de coscoja un porte abierto y bajo, por lo general no superior a 1-1,5 m de altura, conformando junto a bolinares y espartizales un estrato vegetal de distinta densidad” (Olmedo Cobo, J.A. “Biogeografía y Vegetación de la Sierra de Baza”, 2019). 

Principales características de este hábitat de interés comunitario

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© José Ángel Rodríguez
Coscojar característico de la Sierra de Baza, en la zona basal, en las proximidades del Cerro de Los Guardas, con la presencia de esparto (Stipa tenacissima) entre su vegetación, junto con tomillos, romeros y otras labiadas. 

A nivel de la comunidad autónoma de Andalucía, los coscojares mesomediterráneos seco-semiáridos hispalenses se caracterizan por la presencia del espino negro (Rhamnus lycioides),lentisco (Pistacia lentiscus) y a veces con una notable presencia de pino carrasco (Pinus halepensis) y una faciación termófila con la presencia puntual de la llamada hierba de las coyunturas (Ephedra fragilis). 

Los coscojares mesomediterráneos seco-subhúmedos, basófilos, béticos y almerienses, además de coscoja presentan espino negro (Rhamnus oleoides), majuelo (Crataegus monogyna), algunas madreselvas como Lonicera implexa, etc. En enclaves térmicos se enriquecen con lentiscos (Pistacia lentiscus) y acebuches (Olea europaea var. sylvestris), mientras que en situaciones higrófilas puede presentarse el durillo (Viburnum tinus). 

En el concreto caso de la Sierra de Baza, con la coscoja comparten territorio, como especies más características, la bolina (Genista umbellata) y el esparto (Stipa tenacissima), estando también presente el enebro de miera (Juniperus oxycedrus) y la propia encina (Quercus rotundifolia) siempre con porte achaparrado, “sin que sea fácil establecer una cohorte de especies propias del coscojar, siendo frecuentemente las mismas que acompañan a los encinares y retamares” (Olmedo Cobo, J.A., 2019). 

Fauna presentes en este HIC

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© José Ángel Rodríguez
Ciervo refugiándose en un coscojar de la Sierra de Baza. 

Los coscojares mesomediterráneos son ricos en reptiles, destacando la presencia del lagarto ocelado (Timon lepidus), un saurio de gran tamaño y robustez, en el que destaca su vistosa coloración, que puede llegar a los 71 cm de longitud total, que es presa de las grandes rapaces, las que podemos contemplar en estos coscojares en vuelo de planeo para su localización.

La producción de alimento para la fauna, por la coscoja, a través de la bellota, la que se consume en otoño, es otro valor añadido de estos coscojares termófilos, a los que acuden, especialmente en otoño, no solo aves consumidoras de este fruto como los arrendajos (Garrulus glandarius), sino también mamíferos que podemos encontrar en este hábitats de un modo estable y permanente como el lirón careto (Eliomys quercinus) o el conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) y otros mamíferos con presencia ocasional y limitada a la época otoñal, como el ciervo o venado (Cervus elaphus), al acudir al consumo de las bellotas que encuentran en estos coscojares.

Todo ello sin olvidar la fauna de invertebrados presentes en esté hábitats, muy rica y variada, destacando  la presencia de los arácnidos, que adornan las ramas y hojas de estos arbustos con sus telas de araña, para la caza de insectos con los que alimentarse. 

Valores de este HIC y consejos de gestión

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© José Ángel Rodríguez
La bellota que produce la coscoja es consumida y muy apreciada por la fauna silvestre. 

Desde un punto de vista de la estructura y la función de los ecosistemas, los coscojares constituyen una de las principales comunidades del bosque esclerófilo termófilo, apareciendo normalmente como una comunidad de porte arbustivo, donde la coscoja (Quercus coccifera) es fisionómicamente importante. Se localizan en altitudes que abarca desde el nivel del mar hasta los 1.100 m, en todo tipo de suelos y en un rango de precipitaciones anuales que van desde los 200 mm en el SE árido a los 1.000 mm en sierras húmedas andaluzas y del noreste peninsular, donde también está presente la coscoja.

A destacar como en zonas incendiadas el coscojar llega a formar una comunidad piroestable (Cabello Pinar J. y otros en “Bases ecológicas preliminares para la conservación de los tipos de hábitat de interés comunitario en España”, 2009), por lo que desempeñan un importante valor de protección del suelo los coscojares termófilos frente a los incendios forestales, ya que la coscoja es considerada una planta pirófita, denominación que se utiliza para referirnos a especies vegetales que se encuentran adaptadas a sobrevivir ante un incendio, lo que se piensa es una adaptación natural de las plantas en lugares y climas donde los incendios son recurrentes, ya que las especies que no soportan esos fuegos mueren y dejan ese nicho, ese espacio, para las especies “resistentes” al fuego, por lo que se produce una selección natural de las mismas. Además, las especies que sobreviven a esta perturbación van a tener a su disposición, por norma general, gran cantidad de nutrientes procedentes de las propias cenizas y otros restos orgánicos quemados, también más espacio y luz, lo que puede favorecer su desarrollo.

Por todo ello es de destacar como esta comunidad vegetal desempeña un importante papel en la conservación del suelo y de presencia de la cubierta vegetal en territorios con bajísima pluviosidad, como es el sudeste ibérico, con precipitaciones anuales en torno a los 200 mm anuales, donde son muy pocas las especies arbustivas capaces de sobrevivir.

Como consejos de gestión de estos coscojares mesomediterráneos, deben de ir dirigidos a la preservación de estos enclaves naturales, amenazados -principalmente- por roturaciones ilegales y cambios de cultivos, lo que puede llevar a su irreversible pérdida y destrucción, para lo que es prioritario fomentar, mediante la divulgación de los valores de estos ecosistemas naturales, una actitud positiva de la sociedad hacia la conservación de estos espacios y para cuya mejor preservación se hace necesario que se realicen estudios que permitan identificar y cartografiar, a escala de detalle, la distribución de este hábitat de interés comunitario, al objeto de seguir su evolución y garantizar así su futura conservación.