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Edición Mensual - Año XXIII | Nº 268  Octubre 2021

SECCIONES

imagen de decoración

La Cabra Montés: monografía de una especie en la provincia de Granada

Sobre las cárcavas


Por Roberto Travesí

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200 mm, 1/250 sg, f/5.6, ISO 200 (imagen sin recorte)
Modo de disparo: Manual
Formato: RAW+JPGÇ
Canon EOS 5D Mark III, Canon EF 70-200 mm f/2.8L IS II USM, a pulso (con estabilizador) 

Aunque su nombre lo indique, la cabra montés no está restringida exclusivamente a las montañas, y también habría que matizar si se afirma de su existencia principalmente en las sierras. Sería oportuno buscar la descripción de la especie en el siglo XIX para saber exactamente su estatus en aquellos tiempos, pero para no extendernos en esta ficha, solo remitirnos a los comentarios en esta misma sección realizados estos dos meses atrás. Desde luego, la evolución la ha dotado de una especial destreza frente a los roquedos (solo hay que ver sus pezuñas)… y escarpes hay desde el nivel del mar hasta las más altas cumbres de la Bética. Y es que este perfeccionamiento tampoco definiría su presencia en zonas llanas y margosas (o arcillosas, en sentido amplio), vegas, olivares y almendros,… En definitiva, dicha percepción montesina podría afirmarse categóricamente en tiempos pasados, tras la posguerra pero antes de la creación de, por ejemplo, los espacios naturales andaluces (década de los 80 del siglo pasado), cuando la montés estaba confinada a las montañas. Prueba de ello es la imagen que traemos este mes, en la que se ha sorprendido a una hembra y su cría “colgadas” sobre una de las múltiples cárcavas, barrancos y ramblas que dominan el espectacular y granadino paisaje de los ríos Fardes-Guadiana Menor.

Para la obtención de esta fotografía, hubo que “tirar” de prismáticos, herramienta sumamente útil en la mochila del fotógrafo y que debieran estar incluidos en el equipo de cualquier fotógrafo que se precie de realizar Naturaleza. Una vez  localizadas y estudiadas las posibilidades de éxito (valorando parámetros como visibilidad, viento, perspectiva, luz, tiempo de aproximación, hora del día -por descanso/rumia de los animales, que pueden permitir un mayor tiempo de actuación-, etc.), toca aproximación. Es cierto que la gran mayoría de las monteses (que no todas) son tolerantes a la presencia humana. Pero en estas localidades, como en algunas otras, esta no es muy habitual, con lo que el recelo que hacia el humano muestra hay que tenerlo en cuenta, máxime porque nuestro avistamiento puede al menos modificar la posición (giro indeseado de cabezas o puesta en pie sin ir más lejos); además, entrarle a una montés por encima es sinónimo de peligro, incluso de pánico, con lo que con cierta frecuencia (depende de los parajes, como he indicado) aparece automáticamente de manera innata la huida, porque cuando la montés está por encima nuestra se encuentra más segura de sus posibilidades. El problema añadido de realizar la entrada por encima son los visos, que muy rápidamente nos señalan, máxime dado que la visión de la montes es lateral (no frontal como la nuestra). Así pues, debemos elegir no asomarse recortados contra el cielo, escoger una surgir entre rocas, arbustos, árboles,… en este caso tumbado a ras de suelo, entre las matas, con la cámara-objetivo en una de las manos (ya previamente había renunciado al teleobjetivo largo, ya que la imagen a obtener era más valiosa en su contexto -ambiente- que obteniendo un primer plano). Y asomar poquito a poquito. Continuaban tranquilas, había tiempo. Sin embargo, en un instante algo en el fondo les llamó la atención, quizás otra montés, pero por el tiempo en el que estuvieron atentas no debió ser otro congénere, sino un jabalí u otro motivo que poderosamente les llamo la atención unos segundos. Fue entonces el momento de asomar sin ser vistos, aunque despacio y con precaución para no ser vistos de refilón (no estaban completamente de espaldas). Y tras oprimir el disparador lo que ocurriera ya no importaba, la imagen había sido conseguida.

Utilicé la cámara full frame por temor a que las altas luces se “quemaran” con el formato APS-C, debiendo para ello oscurecer la toma y obligándome posteriormente a un procesado/edición con cuidado de haberla usado. Para “curarme en salud”, activé previamente la prioridad de tonos a altas luces, que aunque introduce algo de ruido es más que asumible en este formato de sensor y con la sensibilidad utilizada (por supuesto utilicé la mínima posible). Además, perseguía como he indicado una foto de ambiente, con lo que pensaba sería suficiente el aumento del zoom que monté en la cámara de formato completo. Así mismo, también había activado previamente el disparo silencioso, que ya si es más efectivo en las cámaras de última generación. Por último, un diagrama relativamente abierto permite todavía desenfocar el fondo, aunque habrá quien decida que cerrarlo mucho es lo idóneo, para obtener foco por doquier… personalmente no es mi parecer, habiéndome obligado ello a subir desmesuradamente el ISO para la abundante luz existente o haber puesto un trípode que hubiera dado al traste con la posición de las monteses.

© Roberto Travesí
www.robertotravesi.es
Otras fotografías también en: FacebookFlickr y Fotonatura.



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